viernes, 28 de mayo de 2010

La peluca rubio-platino

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-Nosotros le llamamos- dijo la señorita. ¿Cuántas veces había escuchado aquellas palabras?, siempre de una joven wanna be de la cuál terminaba enamorado. Así era él, enamoradizo, mejor dicho, quisquilloso. Se fue pronto, muy arreglado, traje, corbata y toda la cosa a desayunar a los tacos de General Anaya. Los encontró cerrando por lo que caminó unos metros más, una panadería, ¿pan? qué aburrido, la entrada del metro, el puesto de periódicos, un Seven Eleven, eso sí, una coca bien fría y unos burritos de frijol con queso. Caminó un poco más, un puesto de dulces, un cigarrillo, lo encendió, continuó la caminata sin rumbo, fumando, bebiendo y masticando. Otra tienda, ya estaba satisfecho, una papelería de “todo a tres pesos”, pura basura, una fonda cerrada y en la esquina la Comex. El letrero de la calle decía Atletas. Viró sin pensar como guiado por un espectro. Fútbol, decía el segundo letrero, otra tienda en aquella esquina, ya no leyó los demás, a unos pasos lo miró de frente: Estudios Churubusco Azteca.  

 La entrada de los autos, a lado la caseta, dos policías, tres teléfonos, una cosa para poner la mano e identificarse, gafetes, el jefe de seguridad. Él de traje y la camisa sucia de comida barata. Esperó unos momentos y la oportunidad se presentó; se coló en un grupo de actores, ahora que lo pensaba, él siempre quiso ser actor. No le impidieron el paso, no se separó del grupo, como elefantito de mamá, hasta el final. Llegaron al “green room”. Un maricón, radio en mano, los hacía pasar. Entraba uno, la puerta se cerraba. A esperar. Su turno. Entró, las manos sudando, la boca seca. -Currículum- Le dijo una señorita, de esas que siempre lo rechazaban mientras lo maquillaban ligeramente y cambiaban las luces. Al ver que no lo entregaba le preguntaron: ¿Stanislavski? –Sí- respondió tímido. –Bien- le respondieron y la chica  le extendió un guión. Lo abrió lentamente y pasó medio minuto sin decir nada, serio, muerto de miedo. -¡Next, please!- dijo la wanna be. 

 Salió muy apenado, enojado con todas las señoritas que siempre lo hacían sentir menos. Se paseó por el lugar en busca de algo, no sabía qué, por azares del destino estaba allí, solo. Un letrero decía “camerinos”, se metió al edificio, emocionado, quería conocer a las estrellas. Decepción, los camerinos eran oficinas. Salió del otro lado y la estatua de un Ariel le daba la espalada, arriba, desnudo, gris, ¿y la emoción, el espectáculo, dónde estaban los Estudios Churubusco? Caminó a la derecha, una bodega de armas bélicas, vaya, lo más interesante hasta el momento. Se acercó; CERRADO. Siguió de frente por el camino, se topó con Oficinas Generales. Entró, dio vuelta a la derecha, Gerencia de servicios a la producción. -Buenas tardes- le dijo un joven apuesto de unos veintitrés años- mi nombre es Gerardo Aguilar, ¿en qué lo puedo ayudar?- no supo qué decir y preguntó: -¿el baño?- Gerardo se lo indicó y se olvidó de él. Pasó al baño, orinó, se miró al espejo, se enjuagó las manos. 

 Salió del burocrático edificio, caminó todo derecho hasta el fondo. Llegó a Zona de foros. Foro 7, cerrado. Foro 8, Argos televisión, un letrero: Ya es medio día en China. Llamó su atención, conocía el programa, intentó meterse, un oficial lo detuvo, no tenía pretexto para entrar. Continuó por dónde venía hasta topar con pared, a la izquierda un caseta de policía, desalentador. A la derecha, un pasillo tenebroso, la mejor opción. Se adentró; el pasillo era oscuro, estrecho, olía a marihuana y el aire polvoso penetraba su nariz. A lo lejos vio una luz, la siguió, era una puerta entreabierta, al parecer no había nadie dentro. Asomó los ojos, un cuarto extraño, lleno de cosas. Empujó la puerta, metió la cabeza completa, las cosas eran disfraces, vestidos, mesas, bancos. Entró por completo, utilería, le vino a la mente. Un traje de luchador, una guitarra de unicel, parecía tan real, en la tele, claro. Una lámpara enorme, era una luna. Curioseó entre cajas de cartón llenas de platos, candelabros, cinturones, zapatos; tras unos botes de metal, bajo las escaleras del tapanco. No dejó hueco sin explorar. En una mesita reposaban unas llaves grasientas, un libro vaquero. Lo hojeó; nada interesante, dibujos malos, guión pésimo, lo dejó en su lugar. A su lado estaba un gramófono, antiquísimo, sobre éste un acetato sin portada, sobre el disco, unas medias de seda rojas, sobre las medias, una pluma tinta azul. Colocó el disco en el aparato, lo encendió y tocó la flauta encantada. Se dejó llevar por la música, bailó un poco, es decir, se movió como pudo al ritmo del viejo Mozart y luego de unas piruetas se tropezó con la mesa de las llaves y terminó en el suelo. Las llaves cayeron junto a su cabeza y el libro vaquero de plano en la cara; lo tomó colocando el pulgar en la página que separaba su nariz y observo que había un número escrito: 1926. Se levantó, iba recoger las llaves y cuanto estaba a punto de tocarlas, una tarántula enorme se lo impidió. Temeroso dio un brinco, no había salida, la araña corrió hacía la puerta, estaba encerrado, lo había atrapado. El único lugar era el tapanco, subirse al tapanco y esconderse hasta que alguien llegara. 

 Así lo hizo, y estaba allí, acurrucado sobre unas tablas, sobre un catre, sobre el tapanco. Tenía miedo, el arácnido era enorme, horrible, negro, peludo, ¡colmilludo! No quería moverse, no quería voltear; hasta que lo vio: un locker color carne. ¿Qué habría dentro? Se acercó lento. Estaba cerrado ¡Joder!, pero… sí, ¡el número! Giró la perilla, 1… 9… 2… 6… clack, ¡Bingo! Dentro no había nada, oscuridad total ¿y si otra araña? ¡Puf! Azotó la puertecilla; pero ésta no cerró del todo, se atoraba con algo. Hasta abajo estaba una caja de metal; la sacó, sopló para alejar el polvo, un candado la protegía.  Las llaves, pensó. No quería ir por ellas pero la caja era misteriosa. La agitó cerca de su oído, no hacía ruido, no pesaba, parecía estar vacía, pero no, no lo estaba, él lo sabía. ¡Las llaves!; ¡la araña!

 Bajó primero un pie, luego el otro, muy despacio, se asomaba, poco a poco, no veía nada, no había peligro, bajaba un escalón, se asomaba, otro escalón. Ya casi llegaba a la planta baja. Tomó una escoba y un zapato; aventó el zapato, no pasó nada, se acercó un poco más a las llaves, estiró la escoba, las arrastró hacía sí. Despacio, sin hacer ruido, centímetro a centímetro; ¡eran suyas! Regresó al catre, sobre el tapanco, debajo de las tablas. Tomó la caja, de prisa, desesperado, ¡tenía que saber!, abrió el candado, la llave era inconfundible, la más pequeña.

 Sus ojos se agrandaron, las pupilas también, la sangre se le fue a la cabeza, dentro de la caja estaba una peluca, sucia, fea, maravillosa. Bajo del tapanco, ya no le temía a nada, peluca bajo el brazo, salió corriendo del cuarto, todo el pasillo, hasta la salida, la entrada general, y pasó de largo, nadie le dijo nada, total, ya se iba.  Tomó un taxi – ¡deprisa! - le dijo, de vuelta aquí, de vuelta allá; llegó a casa excitado. Peluca en mano, ya más tranquilo se sirvió un vaso de vino tinto, regalo del abuelo, encendió un puro, símbolo de la recién paternidad de su hermano, y no dejaba de mirar a la peluca, en su mano. Puso música, bailó con ella, le hablo al oído, horas y horas hasta que no pudo más.

 A la mañana siguiente ya no buscó trabajo, se dedicó a peinar a la peluca, era rubia, rubio-platino para ser exactos, cabello al hombro, quebrado, quedó magnífica, resplandeciente. Bailaron de nuevo al son de un Vals danubioazulesco, luego un tango, entre trago y trago le platicaba sus secretos; vivía solo no por gusto, la familia no lo estimaba, eran raros, qué más da. ¿Su edad?, treinta, soltero, sin hijos, sin trabajo, sin amante. ¿Y el amor, qué pensaba del amor? El amor es rubio, rubio-platino como tú. La noche llegó y está vez durmieron juntos; la colocó a su lado para soñar con ella. No pasó nada, él muy respetuoso, ¿cómo creen? La invitó a desayunar, no tenía dinero pero no comía mucho, un bizcochito, un café con leche, pastillas de menta, no dejó propina, tenía una peluca que mantener. Fueron al parque a caminar juntos, él de traje aún, no se había cambiado, su vida era ella. Ella muy bonita, muy rubia, muy platino. Luego del parque el cine, no podía faltar una película de amor. En la oscuridad de la sala se envalentonó, le acariciaba, le olía el cabello, le besaba la frente, le regalaba versos de amor. A la salida, ella más flojita, más en confianza, le pidió cenar. Fueron a un café francés, sus ahorros se le iban pero valía la pena. Llegaron a casa; pase usted, primero las damas. Se sentaron,  platicaron, le leyó un libro, no le gustó, le leyó otro. Ya cansados se fueron a la cama. Otra vez no soñó con ella. 

 Pasaron los días y no se cansaban de salir, a todos lados juntos, siempre juntos, el uno para el otro. Muy felices ambos; ¡qué bonitos! Ya no hablaba solo. La peluca también le contó sus cosillas: era soltera, amaba la luna, le gustaba fumar. Le compró tabacos. No quería niños, amaba su libertad.

Una noche en especial, después del teatro, llegaron a casa rendidos; luego de un buen baño, se acostaron, muy abrazaditos. A punto estaba de dormirse él cuando sintió un ligero golpe en el hombro. Volteó y se asustó, pues la peluca rubio-platino ya no era peluca, tenía ojos, ¡asimétricos!, nariz, ¡chueca! cejas, ¡pobladas! cara, ¡morena!, boca… ¡Era horrible! –Hi, baby- le dijo la peluca masticando ruidosamente un chicle rosado. –Nice to meet you- No lo podía creer, era una pesadilla. Brincó de la cama y se alejó, señalándola con el dedo, le gritaba ¿quién eres tú? –¿I´m your dreams, honey, don´t you remember me?- Sí, sí que recordaba, pero no era así, su peluca era bella, de nariz fina, tez blanca, ojos grandes, labios carnosos; aquella mujer era espantosa, sin palabras. – Come, come to my arms, my sweety unemployed - definitivamente esa no era su amada. -¡Largo!- le gritaba. – don´t scared me, please, i love you, you love me too… you told me… - La mujer comenzó a llorar, el maquillaje corrió por sus avejentadas mejillas. – ¡Que te largues bruja! Tú no eres mi peluca -  Yes I am, Yes, I swear, i´m yours – La mujer corrió hacía él, lo abrazó, lo apretaba, como boa. – ¡Suéltame! – gritaba y pataleaba. Al ver que sus gritos no bastaban,  la empujó y ésta cayó al suelo. ¬–take me -  le decía la peluca-mujer mientras se desprendía de sus ropas y abría las piernas; era rubia teñida. Se tapó los ojos, no quería ver, en verdad era terrible, piernas peludas, muslos grasos, olor insoportable. Ese tufillo asqueroso lo mareó poco a poco, se introducía en sus pulmones y llegaba hasta el cerebro. Lentamente, muy lentamente, fue cediendo a los deseos de su mal amada peluca rubio-platino. 

 -Amaneció muerto- dijo el perito en criminología. -La chapa no fue forzada, estaba solo- Examinaron el lugar, nada extraño, todo en orden. Junto al cadáver, una peluca. –Maldito travestido- dijo el oficial a cargo. –Déjeme ver- dijo el perito. –vaya, la peluca es bonita, no estaría mal…- ya no terminó la frase y se embolsó el objeto. Terminaron de registrar, pitaron la silueta a gis blanco, y cerraron el expediente: suicidio. 
 -Oye Sebastián, ¿qué diablos haces?- le dijo su compañero de trabajo al criminólogo; estaba hablando con la peluca sobre su mujer y sus hijos, ¡qué ridículo! 



6 comentarios:

  1. Hola Martín!
    Te devuelvo la visita.
    El blog está muy bueno, me interesó sobre todo el diccionario que tienen , estaría muy bueno hacer un intercambio de vocablos propios de nuestros paises.
    Te dejo la inquietud.
    Saludos desde Argentina.

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  2. los amo, son mis escritores favoritos!! siempre me dejan pensando, me hacen reir o me enseñan palabras y de musica. sigan poniendo mas links a youtube, gracias. Un saludo a Martin, que se ha vuelto mi guia para la vida, de grande queiro ser como tuuu!!!

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  3. Jajajajaja no maaa! que cuento tan mamon. chido

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  4. Hola Abdul. Divertido cuento, aunque sinceramente esperaba saber un poco más sobre el origen siniestro de la peluca.

    Sobre los héroes... yo añadiría a Thomas Pynchon. Os recomiendo a los redactores del sitio.

    Saludos,

    G.

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  5. Hola, Gustavo, ya está el héore. Oye, excelente cuento el de Isaac. Lástima que nop uedo postearte comentarios libremente. =) Saludos.

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