jueves, 27 de mayo de 2010

Del amor y las palabras


Hoy quiero escribir de amor. ¿Por qué? Tal vez la percepción de que no tengo a nadie es la más fuerte y verdadera que tengo ahora. (Y no quiero poetizar, no lo haré. Poetizar es una forma de mentir, aunque mentir sea una forma de decir la verdad cuando ésta es demasiado obvia). No es algo nuevo mi soledad, lo que es nuevo es la necesidad de no estar solo, o mejor dicho, ese pequeño gusano que llaman amor, ese vicio, esa enfermedad, ese virus transgénico que muta y muta, esa droga narcótica y alucinógena, anfetamina de los sentimientos, opio, cocaína, y adiccionas, amor, adiccionas de tal manera que ya no se puede vivir sin ti.  Deformas la realidad y la haces más llevadera o tremendamente insoportable. Amor estimulante o amor depresivo, sea como sea, te necesito, necesito tus síntomas, y te bebo a sorbos, te ingiero, te inyecto por cada uno de mis poros y aún así estoy solo. La soledad es el estado natural del hombre cuando no ama y en cierta manera esta soledad es una especie de libertad total. Dichosa sea. Dichosos sean los abstemios, ustedes que no aman. Pero amar y estar solo…  la soledad se vuelve nociva y envenena el aire que se respira. La soledad es caminar por la vida, por este Boulevard of broken dreams. El amor es encontrar un sueño nuevo al final del camino, alguien que te domestique como decía el principito. La flor vanidosa que domestica… ¡Amor, amor! ¡Es tan difícil hablar de ti sin caer en cursilerías! Quisiera desemantizar la palabra amor, la palabra corazón, la palabra mujer,  la palabra, las palabras…y dejarlas limpias de tanto smog, de tanto humo negro producto de desperdicios sociales, de tanto sentimentalismo, de tanto grrrrrr, de tanta devoción y tanto odio. Quisiera escribir de tal manera que las palabras, todas, sean como vasos vacios, y que se puedan llenar no de lo que yo quiera, ni de lo que usted, lector, quiera, sino de lo que el texto quiera. Quiero dejar textos vivos pero palabras muertas, o casi muertas, o post-muertas, como fantasmas (no creo en los fantasmas, pero sí creo que son livianitos livianitos y que flotan, y que son semi-transparentes). Palabras que floten sobre el texto, libres, tomando la forma que quieran,  y poder decir que te quiero olvidar y mañana encontrarte casualmente y no recordarte, y que tu sepas que no es que no te quiera sino todo lo contrario y te alegres porque sabes que es para así poder conocerte siempre con todos los encantos de la primera vez. Pero no, te lo digo y te irías indignada… las palabras no flotan, son demasiado pesadas, penetran como espadas en lugar de ser respiradas… que pena, con tanto que yo tengo por decir…


 Yo quiero un amor que sea como la literatura, lo único que he llegado amar en mi vida. Definitivamente, yo quiero una mujer que sea como la literatura, y hacerle el amor como le hago el amor a las palabras y aquí robo crédito de Cortázar. Hacerle el amor a las palabras, que bien, de eso hablo, de acariciarlas, de poseerlas, de penetrarlas, de hacerlas gritar, de sumergirse en ellas. Es la única manera de limpiarlas, de poseerlas para ser poseídos… El amor y las palabras. La literatura y las mujeres… Yo creo que la literatura es como las mujeres, y me atrae, me seduce, me dejo seducir y tenemos más que sexo, maldita sea, hacemos el amor, hacemos, del verbo hacer, fabricar, producir algo, darle el primer ser, formar algo dándole la forma, norma y trazo que debe tener. El amor surge entre la literatura y yo, entre las palabras y yo, lo creamos y le damos forma. Pero con las mujeres… pero las mujeres… Yo quiero una mujer que sea como la literatura: real pero indefinible, que pueda acercarme a ella con devoción y admiración, que pueda sentirla dentro de mí y no fuera, que cobre vida cuando yo la mire, que cada vez que la posea sea distinta a la primera, que nunca la termine de conocer del todo, que sea esquiva, que siempre me sorprenda, que me mantenga a la expectativa de algo nuevo; que me haga sentir héroe de una epopeya antigua, que me lleve al límite existencial de la tragedia, que sea rítmica y subjetiva como la poesía, real y mágica, que tenga vida propia. Que pueda ser amorosa y trágica, filosófica y con aventuras, y a veces trivial y sin sentido. Que sea clásica y barroca, romántica y realista, vanguardista y moderna; que me lleve al pasado y al futuro; Que cambie, como poesía en prosa, sin normas ni cánones, sin versos ni estrofas, sin rima, pero musical, entonada, melódica, rápida, fugaz, flexible, rítmica, distinta. Que no exista si no está conmigo, que no sea mía pero que sea toda sólo para mí, como la literatura.  Pero no existes mujer literatura. Sí tan solo existieras... ¿por qué tenés que ser tan real, mujer de sangre, carne y hueso (¡de carne y hueso precisamente!)? Sos tan distinta a la literatura que no te puedo amar (amar sin cursilerías, amar como verbo, como acción transitiva, como oración principal, como hiperónimo máximo del vocabulario, no ese amar que es casi un morfema vació lleno de connotaciones afectivas, no ese amar como sustantivo compuesto con sentimientos y emociones, amor-humo, amor-viento, amor-ilusión, amor-mentira). No te puedo amar mujer, tenés demasiado cuerpo, demasiada piel, y me quedo allí, atrapado siempre entre tu sudor y el mío, comprendiendo en el momento mismo del éxtasis que te entregás demasiado pronto y te entregás demasiado o demasiado poco, pero nunca te entregás de verdad. No te entregás porque esa piel todavía te pertenece, porque sólo te rocé estrechamente, porque sólo fui yo quien te dejó algo. No sos como las palabras, que aunque ajenas siempre penetran cada centímetro de tu piel pero desde adentro, que nunca se quedan con vos pero porque vos no sos el mismo, por el sólo hecho de usarlas o inventarlas, porque las palabras se pueden inventar, porque la literatura se inventa dos veces: cuando se escribe y cuando se lee, y esta segunda vez es infinita. A ti no te puedo inventar. A ti te tengo que vivir y me duele, me tienes que doler, como me dueles ahora en esta soledad enviciada tan sólo porque existes. Yo no te puedo amar con ese amar-verbo-transitivo-activo del cual soy sujeto. A ti te amo en voz pasiva, te sufro, te sufro… Ya empezaste de nuevo. No poetices más que pronto dejarás  caer el amor-mentira mezclado aquí y allá con otras cosas con que no tiene nada que ver. Es el peligro de juntar las palabras y el amor, que el amor comienza a ser tan sólo una palabra, y luego prefieres amar las palabras, hermosas mentiras… y en fin…



Franco

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11 comentarios:

  1. totalmente sublime, encabronadamente cierto.

    Un saludo, Martín.

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  2. Cuidado con el amor-literatura. La literatura es un Monstruo. Saludos Franco, excelente texto, te manejas por lo abstracto de una manera peculiar. Me gusta.

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  3. Del amor - literatura o del amor en la literatura...
    :)

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  4. Verónica Pinciotti27 de mayo de 2010, 15:42

    Vaya, a mí me gustó mucho. Esa forma de ver al amor es muy bella. Muy poética, aunque no lo quieras, Franco. Y creo que me gustaría vivirla un día.

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  5. Gracias por sus comentarios... y sì Petroza hay que poner mucho cuidado con el amor-literatura, pero al fin y al cabo todo amor resulta siendo lo mismo que la literauta, una construcción ficcional. Lo real se nos escapa... Y gracias Garrison por la distinciòn, no es el amor en la literatura, sino ese amor como la literatura... ¿abstracto?, no lo sè, para mì es tan palpable...

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  6. Entrar en la soledad, a veces también es caer en idealizaciones. El amor es un estado ideal. Tal vez por ello, contradictorio y cursi.

    Tu texto me ha encantado!
    Suerte con ello.

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  7. El amor es un estado ideal, cierto. Y como idea, es abstracto. Martin tiene razón. Pero si te parece palpable es por otra cosa.

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  8. efectivamente el amor es cuestión Química principalmente... Hay quienes afirman provocar las mismas sensaciones al controlar nuestros pensamientos... será??? Saludos!!!

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  9. mientras más imposible más bello

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  10. me encanto!! quisiera ser mujer-literatura, pero mi piel pesa demasiado!!

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  11. el amor es efímero es irónico y aun teniéndolo seguimos viviendo con la soledad

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