jueves, 8 de abril de 2010

¡Si no fuera por ellos!


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 -No comprendo cómo una persona puede pasar frente a una iglesia sin persignarse. Siempre me persigno, no hacerlo es impío, me dijo el padre a los seis años. O cómo puede un hombre escupir al asfalto en un grosero estropicio de mal gusto; es terrible, me dijo una mujer.  Nunca escupo. No entiendo cómo mi jefe es mi jefe y yo su subalterno. Siempre he tenido un jefe. ¿Quién me explica cómo las chicas rubias siempre huyen de mí? No tengo esposa, hijos, nada. Nunca he podido entablar una relación sin compromisos, cómo hacerlo, odio el libertinaje. Nunca he comprendido a la gente que no es como soy yo. ¿Por qué las personas se compran un Mercedes? Tengo un auto promedio; pienso que comprar uno de mayor precio es alardear; no sólo yo lo pienso, también mis vecinos.  Nunca he tomado remedios para el sueño, una aspirina, un “pasón”. No soy esa clase de persona, lo cual admiran mis sobrinos. Tampoco he pagado televisión por cable, es un desperdicio de tiempo y dinero, decía mi abuelo.


- Siempre he sido como he querido ser, me lo han reiterado mis amigos en el trabajo. Pero no soy libre. Soy presa de una fuerza que me oprime; nunca he usado una playera rosa,  considero al rosa femenino y al azul, mi colección de trajes azul, masculino; me lo enseñaron en la primaria. No soy una estrella de rock porque su estilo de vida se inmoral; me gusta el rock, aunque poco, todo en exceso es malo; consejo de un maestro preparatoriano, y de un anuncio de Brandy. Uso ropa de marca, como decía mi madre, “cómo te ven te tratan”, pero la compro “en barata”, pues mi padre me dijo en la infancia: “hay que ser ahorrativos”. 


 -¡Si no fuera por “ellos”!, me daría la buena vida, mandaría besos burlones a las iglesias, escupiría en la duela del lujoso apartamento de mi jefe; sería mi propio jefe. Me cogería a más de una rubia y una que otra teñida. Andaría con todas y las dejaría a todas, me casaría con una libertina. Sería todo eso que son “ellos” y dejaría de ser yo. Aspiraría unos “cristales” para estar despierto dos días continuos y ver en ese tiempo televisión por cable. Me vestiría de rosa y amarillo y tocaría la guitarra a todo volumen en el aeropuerto. Luego malgastaría mis ahorros en noches de placer mundano y en whiskys en las rocas. Siempre he fumado, me da categoría, según yo: dejaría de hacerlo, sabe a mierda el tabaco.


 -¡Qué tonto he sido!- dijo Esteban. –Pensar así es ridículo, no me quiero ni imaginar lo que pensarían mis amigos. Dirían que estoy loco, un hombre que elabora tal soliloquio, no cabe duda, está loco; y eso de revelarme, ¡qué risa!, qué mal estoy. Mejor me apuro a vestirme para llegar a la oficina, yo no soy impuntual, pregunten a mi “bono de asistencia”. ¿Tú, qué opinas?- dijo Esteban mientras encendía un cigarrillo. –Yo opino que por eso fumas a lo imbécil y no tienes un Mercedes- Contestó su imagen en el pequeño espejo de su lastimero departamento rentado.





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