sábado, 24 de abril de 2010

Eder / ojo por ojo.

AudioTexto. 


Yo nunca estaba en busca de acción. Lo único que deseaba era whisky en las rocas, Beethoven, y el viejo sofá. Es decir que yo era un viejo encerrado en el cuerpo de un joven. Pero en la vida no siempre se obtiene lo que se quiere y es así que justo cuando me sentaba en el sofá, whisky en mano, la séptima en el estéreo, sonó el teléfono. Mieeerda, dije, con el tufo a Walker rojo saliéndome entre las e y la r. Era Eder, una tía buenaza que conocí en Coyoacan. Nos fuimos a vivir juntos un tiempo y luego nos separamos y no volví a saber nada de ella en los últimos cinco años. Y de pronto llamaba para preguntar qué dice la vida y si podemos quedar. Tenía un culazo. Se me quitó lo avejentado y dije: ¡por supuesto! Me citó en Donceles a las cinco. Tenía tiempo para el allegro y un baño. 

 Eder y yo nos conocimos tomando clases de dibujo y pintura en Coyoacan. Aprendimos un par de cosas. Sobretodo: no somos Velázquez, ni Delacroix, ni Rembrandt. Ni Caravaggio ni Rafael. Ni siquiera Malevich. Lo que significa que no podíamos ni con la más simple geometría. No se nos daban bien las formas. Así que lo dejamos. Sin embargo lo pasábamos bien y comenzamos a salir. Hablábamos todo el día de impresionismo y de Picasso. De Modigliani. Estábamos de acuerdo en casi todo, por ejemplo, nos gustaba fumar antes del desayuno y beber en lugar de comer. Y follar y leer e insultar a Coelho. Todo era placer y risas y buenos momentos. Algo parecido al amor, ¡sí, señor! Pero luego llegaron los problemas. Planeamos vivir juntos. En verdad creíamos ser el uno para el otro. Rentamos un bonito apartamento en Insurgentes. Lo hicimos con la pasta de su madre. Suegra era una señorona enviudad y rica que hacía todo lo que Eder quería. Viviríamos en unión libre y nos dedicaríamos a follar y pintar todo el día. Algún día venderíamos nuestros cuadros en cuarenta millones de dólares. Mientras tanto, suegra se haría cargo. 

 O sea que era julio del 2005 y yo vivía con la mujer de mi vida siendo mantenido por suegra-mecenas. ¡Dios, era el paraíso! Nos mudamos al apartamento por julio 23. Era un lugar fresco y cómodo. Tenía tres habitaciones, una de las cuáles usaríamos como estudio del artista; otra para dormir; y otra para el bebé. Eder quería un bebé. A mí me daba igual. Mientras suegra corriera con los gastos, por mí podíamos procrear un kindergarten. Pero para julio 29...

 Los primeros días de nuestra vida en pareja lo pasamos follando. Lo hacíamos todo el maldito día y en todos los rincones del apartamento. Incluso llegó a ponerseme el pene morado. Me ardía. Se lo dije a Eder pero le importó dos cojones y se me echaba encima y me montaba. A mí me dolía pero no podía hacer nada porque si Eder se quejaba con suegra se me acababa la buena vida. ¡Y era buena vida, coño! Hasta que llegó el día. Acordamos decorar el lugar. Por supuesto, lo haríamos con cuadros. Yo votaba por cuadros de Varo, Chirico, Ernst, Magritte, Carrington. No pensé que Eder tuviera problemas con ello. El caso es que sí que los tuvo. Ella neceaba con cuadros de Kandinsky, Pollock, Miró. Yo no sé dónde le vino el gusto por lo abstracto pero no iba a dejar que colgara Kandinskys en mi hogar, Dios. El abstracto, le dije, es para quien no puede pintar decentemente una madonna. Eso la ofendió bastante. No me lo había dicho pero deseaba ser una gran pintora de abstracto. Y tooodo se fue a la merde. De pronto se le metió a la cabeza la idea de que nuestra relación no tenía ni pies ni cabeza. Yo traté de explicarle lo absurdo del asunto; no podemos tirar todo por la borda sólo por nuestra preferencias estéticas, dije. Accedí a colgar los rayones de quien sea con tal de salvar nuestra relación; de estar en paz, juntos, y mantenidos por suegra. Pero Eder estaba loca. Ese mismo día me echó y no volví a verla en cinco años. ¡Cinco años!

2

Llegué puntual a la cita con una rosa en las manos. Aquella podía ser mi oportunidad. Si lograba reconquistarla suegra quizá no haya muerto y podamos recomenzar. Eder estaba allí y lucía tremenda. Nos saludamos. Le di la rosa y dijo gracias. Caminamos al Fiesta Inn y entramos. En la azotea del hotel se montaron un restaurante desde donde puede mirarse la toda la plancha del Zócalo. A Eder le gustaba aquel lugar. A mí me daba igual y aunque no, aprendí la lección: NO LA CONTRADIGAS. Pase lo que pase, haga lo que haga, diga lo que diga, no contradigas a esta mujer. Nos pedimos dos especialidades de la casa que terminaron siendo enchiladas rojas,  y hablamos. Finalmente lo soltó. Tardó cinco años pero lo soltó, dijo: fue un error haberte dejado. ¡Dios, pensé, eres grande, cabrón. Ya me la debías! Bien, dije, ni que lo digas. Y rematé con un: te hecho de menos, linda. ¿Enserio?, dijo ella. ¡Que si no!, dije. Ella comenzó con el típico no sabía lo que hacía, era una niña caprichuda. Pero he cambiado. Ya, dije, sin rencores. Aquí se calló y frunció el entrecejo. No me creía demasiado. Creo que estaba pensando. Y bien, dijo, ¿qué haz hecho todo este tiempo? Se lo dije en dos minutos. No era gran cosa. Luego ella dijo: vale, he pensado mucho en ti los últimos meses y me gustaría saber si aún quieres casarte conmigo. Me cayó como una bofetada. Yo jamás pensé casarme contigo, dije. Se me salió. ¿Cómo?, dijo. En aquel entonces, dije, acordamos vivir en UNIÓN LIBRE, ¿recuerdas? traté de mostrarme lo más sereno posible. La verdad estaba muerto de miedo. No quería cagar la última oportunidad de mi vida. Terminamos de comer y dejamos el tema. Le invité a por un trago. No más trago, dijo. Ya, dije, entonces a por un café o algo. Pagué la cuenta y fuimos. 

 En el camino me contó un par de cosas: dejó la pintura y comenzó con la fotografía. En los cinco años que pasaron se acostó con algunos tíos pero nunca lo pasó tan bien como conmigo. Y es que de no ser por Kandinsky en verdad eramos el uno para el otro. Yo le dije siento lo mismo, no hay nadie para mí que no seas tú. Me cogió la mano hasta llegar al café. Nos pedimos un americano y un capuccino. No recuerdo que tomaras capuccino, dije. No lo hacía, dijo. Ya, dije. Comenzamos a platicar seriamente de un re-encuentro. Le juré: no hay nadie más en mi vida. Era verdad. Recién me habían botado por problemas de alquiler. Pero eso no sucedería jamás con Eder. El caso es que ella ahora deseaba casarse. Traté sutilmente de hacerle ver las ventajas de la unión libre. Quizá fui demasiado sutil o ella demasiado necia. No logré moverla del casamiento. Me lo tenía que pensar bien. Saqué un cigarrillo de la cajetilla y se la extendí a Eder para que tomara uno. No fumo, dijo. Sí que fumabas, dije. Encendí el cigarrillo y eché el humo a la derecha. A la izquierda estaba Eder. Con que casarnos, dije expulsando humo. Con todas las de la ley. Sí, dijo ella. A los quince años me prometí no casarme. Entendía que todo eso es un contrato y un impuesto y un modo de control. Me dije que si una mujer me amaba, y yo amaba a esa mujer, no dejaría que nuestro amor se manchara con un trámite burocrático. Claro, ese tipo de promesas no pueden hacerse a los quince años. Por ello coloqué una cláusula que rezaba: si rompes la promesa, que sea con la mujer que realmente amas. O sea que no era tan imbécil a los quince como decía mi padre. 

Tengo que pensarlo, dije. 

3

Eder me dio tres días para tomar la decisión. Llamé a Garrison y le conté. Le dije: Eder quiere casarse conmigo. ¿Quién?, dijo. Eder, dije y se cagó de la risa. Siempre lo hacían él y todos. Eder no es un nombre de chica. Entonces yo decía, por ejemplo, ayer lo hice con Eder, tío. Y se cagaban de risa. Como sea Garrison no dijo nada. No fue de gran ayuda, quiero decir.


 Me lo estuve pensando todo el día. No era tan malo después de todo. Así dejaría de preocuparme por pasta. No tendría que no-trabajar y morirme de hambre al mismo tiempo. El matrimonio es sólo un papel, me repetía. No voy a dejar que un papel y un poco de orgullo interfieran en la oportunidad de mi vida. Y podía engañar a Eder con otras; todos los maridos lo hacen. No es la gran cosa. Además, casados, Eder no podría abandonarme tan fácil si teníamos una discusión pueril. Sí, me dije, eso es. Ella cree que me ata pero no. SE ATA ELLA. Me casaré por bienes mancomunados y así un parte de sus cosas será mía. Me sentí culpable con ese último pensar, vil, pero luego recordé que las mujeres lo hacen todo el tiempo.


4


Llamé a Eder y la cité en mi casa a las dos en punto. Me arreglé lo mejor que pude para darle la noticia. Escombré un poco la casa y compré birra y galletas. Serví las galletas en una charola y las puse en la mesa, junto a la birra. También coloqué un par de velas aromáticas que Sharon dejó alguna vez olvidadas, y esperé.


 Eder llegó treinta minutos pasasdas las dos. Llegó con un par de maletas. Dios, dije, cómo supiste. ¿Cómo supe qué?, preguntó. Traes maletas, ¿cómo supiste que diría sí? No lo sabía, dijo. Ya, dije, olvídalo, pasa. Ajá, dijo. Parecía consternada. No era la misma Eder alegre y hippie que yo conocí hace cinco años. Compré galletas, dije y le ofrecí una. Gracias, dijo, llevándose a la boca un elefante. O un perro, no sé bien. Entonces te has decidido, dijo. ¡Así es!, dije y abrí los brazos para darle un apretón y un beso pero no captó la idea o algo y me dejó estirado. Lucía preocupada. Lo inspeccionaba todo. Miraba el sofá, mi viejo sofá, el reproductor, la televisión descompuesta, el parco amueblado. ¿Dónde está el cuarto?, preguntó. Allá, dije, señalando el pasillo hacia el cuarto. Entró. Yo la seguí. Estaba parada en la entrada de la habitación y la cogí por la cintura. ¿Y el closet?, preguntó. El closet es aquella maleta, dije. Se me separó. Estaba realmente consternada. ¡¿Aquí es donde viviremos?!, dijo. ¡Coño, no!,dije, aquí es donde vivo yo. Viviremos donde tú quieras. Podemos rentar un apartamento en Insurgentes, como antes. Hizo un mmmh y luego dijo: hasta donde entendí, estás desempleado. Primero deberás coger un empleo y luego... No, no, no, dije, ES-PE-RA. ¿Qué hay de suegra? Ja, dijo, ¡me ha echado! ¿¡Queee!?, dije, o sea que... Sí, dijo, me ha echado, no tengo a dónde ir. ¿Y quién pagará la boda, la casa, el auto, las cosas?, pregunté atemorizado. Pues tú, dijo, por eso nos casaremos. ¡Estás equivocada!, dije, así no son las cosas, recuerda: tú y yo follamos y pintamos o hacemos fotos o lo que sea y suegra es la mecenas. Eso era antes, dijo, ahora madre piensa que ya es tiempo que haga una vida por mí misma. Busca un empleo, me dijo,  o busca un hombre, pero por el amor de Dios, !haz algo que no sea dilapidar la fortuna de tu padre! ¡Dios mío!, dije.


5

Le dije a Eder que podía quedarse pero al día siguiente la eché porque dijo prefiero  Handel que Bach

 Quizá en cinco años todo regrese a la normalidad. 

Petrozza, M. Abril 2010.







5 comentarios:

  1. Jajajajaaja que buena es este blog me hace reir mucho. ojala alguien me encontrara con una chica rica como esa! yo la dejaria poner los cuadros de quien sea!

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  2. Vaya! Eres un cabrón, no te da pena dser un mantenido!! He estado leyendo tu blog. Me gusta mucho y es muy divertido! Me caes super bien! Espero sigas escribiendo por largo tiempo!!

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  3. jajajaja que tio!!! trabaja hombre!!!!!!!

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  4. yo quiero una vieja asi!!!!!!!

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