jueves, 8 de abril de 2010

Después de todo.



Pablito venía a todo correr por la calle Esperanza. No corría… flotaba, pues según un cuento de Cortázar que su padre le había leído la noche anterior, un niño flota cuando corre a paso largo y sin doblar las rodillas. A este movimiento Pablito añadió no doblar los codos tampoco y mover los brazos como soldadito de plomo en plena marcha. Así venía, galopando, lengua de fuera, sudoroso por el partido recién acabado de balompié en la cancha de la calle San Andrés. Su cabeza estaba llena de fantasías, súper-héroes, carros voladores, extraterrestres, helados gigantes de limón, y de mascotas raras, cosas con las que un niño puede soñar.

 Por el eje que entronca con la calle Esperanza corría a toda velocidad un camión de pasajeros. El hombre que conducía el transporte era malhablado y miope. Pasaba todos los altos, topes, banquetas y obstáculos por igual, siempre con la mínima preocupación. Los pasajeros se encontraban cada quién en lo suyo, unos leían, otros escuchaban música, otros dormían. Nunca había pasado nada interesante en sus vidas hasta el día en que el camión atropelló a Pablito, en la esquina del Eje 6 y la calle Esperanza.

 Después de todo nunca pasa nada. Uno va a una fiesta y se lo pasa mal, pero después de todo no estuvo tan mal. Uno compra la maxi-hamburguesa y después de todo no es tan grande. Una camioneta choca contra un auto pequeño y después de todo, el auto no quedó deshecho. Dentro venían unas ancianas y salieron muy dañadas por el golpe, sangradas las narices, pañuelo en mano y toda la cosa, pero después de todo no les pasó nada. Uno contrae una enfermedad terminal y después de todo ya era tiempo de morir. Después de todo nunca pasa nada. Después de todo a Pablito sí que le pasó: murió.

 La muerte de un niño es cosa que entristece a todos, menos al niño. Pablito se levantó, miró su cuerpo en el desecho sobre el asfalto y continuó flotando hasta su casa mientras la muchedumbre se aglomeraba alrededor suyo.

 La muerte no le inquietaba, estaba acostumbrado a morir; lo habían matado cientos de veces: en Street Fighter, en fuga de uvas, en policías y ladrones, en las historietas que inventaban sus amigos… En fin, morir es cosa común en la vida de un niño. Entró a casa contento. Hola mamá, hola papá, ya llegué, golpecito en la cabeza al perro y todo muy normal. A la hora de cenar bajó hambriento, comió como nunca y les contó a sus padres sobre su día. Les platicó que un amigo suyo se cayó de la bicicleta y terminó en el hospital. Sobre el partido: ganaron cuatro a cero. Les habló sobre su nueva profesión: futbolista. Les contó que odiaba a la hermana de su nuevo amigo, Armando. Lo que no le contó a su familia es que había muerto, eso sí que se lo reservó, pues de enterarse ¡lo mataban!

 A la hora de acostarse, como todo niño o todo hombre, Pablito caviló sobre su estado actual. Le resultaba tan natural estar muerto, que hasta ahora no se había preguntado por qué no estaba en el Cielo. Su único pecado era rechazar las verduras en la sopa y eso no era pecado. Pecado el de su abuela, que escupía secretamente el vino en las misas, pues pensaba gravísimo beber alcohol. Tampoco estaba en el Infierno ¿Dónde estaba Satanás patas de cabra? No había ángeles, demonios, nada. Estaba tranquilo en su cama, como cualquier otra noche, e incluso se angustió más la vez que llegó con la rodilla raspada y se lo guardó para que no le castigasen.

 Pensó que al dormir moriría definitivamente y poco a poco se dejó ir y se sumió en un profundo sueño.

 Pero a la mañana siguiente despertó. Se paró muy emocionado, ya no recordaba su muerte, y se apresuró a vestirse. Tenía un partido de balompié y presentía que ganarían cuatro a cero.







6 comentarios:

  1. ¿Por qué mis AudioTextos les pones voz de mujer?

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  2. Salió un caso en las noticias de un niño atropellado por un microbusero y me recordo este cuento. es muy bueno tu cuento. al menos aqui la muerte del niño es divertida y fantastica. espero que asi sea en la realidad.

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  3. creo que esto es muuy bueno!!!!

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  4. carajo cabrón, tus altibajos (PARA MI CLARO) son desconcertantes; del muy mal logrado "si no fuera por ellos", a este muy buen cuento no logro decidirme...
    aplausos por este gran escrito

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  5. Gracias por tus comentarios, Espalda de Bronce. Es bueno escuchar crítica sincera.

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