miércoles, 21 de abril de 2010

De ser escritor 3 / Yo no soy Bukowski

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Comencé a rodearme de tíos que escribían y que estaban como yo en el anonimato. Entre ellos estaban Garrison e Y.G.P. Nos reuníamos en el apartamento de Luciano, en la colonia  Del Valle, en la calle de Fresas. Eran una bola de egotistas. Asistí a unas cinco o seis reuniones pero al final no saqué mucho. Bebíamos tinto, escuchábamos Beethoven y Bach y Manu Chao y leíamos los textos que escribíamos. Pero al final no pasó nada. 

    A los únicos que aún frecuento de todo eso es a Garrison y a Y.G.P. El primero era un "escritor Alfaguara" y el segundo un periodista. A Garrison le enorgullecía que yo le dijera escritor Alfaguara. Yo quería decir: escritor con una fórmula cursi y repetitiva que abusa de los adjetivos y pretende ser Márquez, Llosa, Allende, etc. Pero Garrison decía que ser un escritor Alfaguara es ser un tío que vende y vive de la literatura. Y daba una bocanada al cigarrillo y reía enorgullecido. Y.G.P. no tenía un estilo definido. Casi no lo molestaba. Ellos por el contrario me jodían siempre diciendo que mis textos eran Bukowskianos. En el mejor de los casos. En el peor: que yo emulaba Bukowski. Cómo voy a parecerme a Bukowski, decía yo. Bukowski escribía su vida y yo la mía, coño, cómo voy a parecerme. Pero ellos decían que era lo mismo Bukowski y yo. Y Garrison decía que mi literatura era anti-estética. Y.G.P. decía que yo era como Pedro Juan Gutiérrez. Y yo decía, mierda, cómo voy a ser como Pedro Juan si él ni siquiera escribe su vida, se inventa las cosas. Pero ellos decían que yo era un émulo. 

   A mí no me importaba demasiado porque para ese entonces yo había leído mucho Bukowski y Pedro Juan y Carver y Wolff y Palacio y Hemingway y Miller y etc. O sea que yo ya sabía perfecto que mi estilo no era nada nuevo. Pero mierda, no iba a detenerme por eso. ¿A caso a Bukowski no le dijeron eh, tío, tu estilo es igual que el de Miller, etc.? ¿O nadie le dijo al Boom latinoamericano que todos eran la misma cosa? ¡Pues claro! Pero eso no importa. Continué escribiendo crudo, lacónico. 

   Nos reuníamos en el café la Selva del centro de Tlalpan. Hablábamos de muchas cosas pero siempre salía algo como: deja de escribir a lo Bukowski. Y yo: coño YO NO SOY BUKOWSKI. No, tío pero escribes como él, decía Garrison. Y lo decía despectivamente. Es decir que a él le gustaba Bukowski pero no le gustaba que yo escribiera lo que escribía que según era muy parecido a Charles. Garrison llegó un día con el libro ¡Adelante!, de Bukowski y me dijo, tío, tienes que leer esto. Me recitaba los poemas extasiado y yo decía, sí, es bueno.

  Yo leía Bukowski y no me creía las cosas. Pensaba, NAAAAH a ese tío no pudo haberle pasado eso. Pero la vida me dio una gran lección. Descubrí que la realidad supera la ficción. Comencé a escribir la vida y luego nadie me lo creía. Nadie creía que una tía desconocida se besara conmigo sólo porque le dije: chúpame el pito. Y ella dijo: ¿qué? Y yo dije disculpa, si no quieres no. Y entablamos conversación. Estábamos en un bar. Le expliqué mi teoría: es cosa de probabilidades. ¿O sea que vas por allí diciéndole a las chicas chúpame el pito?, preguntó. Sí, dije, de cada cien, cinco tienen que decir que sí. Veinticinco que no y setentaicinco puede ser. Seguimos hablando y no me lo chupó pero nos besamos. Yo había leído eso de las probabilidades en una revista y no iba por allí diciéndole eso a las tía; sólo se lo dije a ella. Ella era la primera en escucharlo y casi cae. Le dije que lo hacía siempre para que pensara que otras sí lo habían hecho y no se sintiera tan puta. Nadie me creyó eso cuando lo escribí. 

   Y tampoco me buscaba las cosas. Llegaban solas. No iba por allí esperando que algo me pasara, de hecho era un tipo bastante aburrido. Pero cuando empecé a escribir la vida me di cuenta de que siempre suceden cosas. No importa cuánto te resistas, siempre pasan cosas maravillosas. Descubrí que hasta entonces no me había dado cuenta de lo extraordinario que son los teléfonos. No me creo que desde aquí pueda llamar a Nebraska o Tokio o Nauru y escuchar a un tío como si estuviera justo a mi lado. Ya se sabe que los teléfonos son cosa de todos los días. Pero yo pensaba mucho en ellos. También en los hornos de microondas. Y en los aviones. Y en los camiones de carga. Y en las tías. Y yo escribía todo eso. Lo vivía y luego lo escribía y ya no me lo creía. Me he retractado de escribir algunas cosa porque no sé si luego yo mismo las creeré. ¿Es que acaso me importa lo que piensen los demás? ¡Pues claro! ¿A quién no? La cosa es aceptar que nos importa y entonces es más fácil. No me importa que a Garrison e Y.G.P. no les guste lo que hago pero me importa que lo piensen. Es distinto. 

   El problema con escribir era que yo aún no conseguía nada. Tenía libretas llenas de textos pero no había publicado una sola línea. Algunos mamones del grupo en la La del Valle ya habían publicado algún texto. Garrison, Y.G.P. y yo, no. Garrison porque dejó de escribir. En cuanto a Y.G.P., también. Garrison se casó y obtuvo un empleo. Y.G.P. obtuvo un empleo. Yo era el único tratando de hacer algo. A veces pensaba que era un genio. Supongo que eso le pasa a todos menos a los genios que siempre se pensaron que no lo eran. Luego me daba cuenta que no y me dolía. En cambio los genios siempre dicen yo no me considero especial. Y yo sí que me consideraba especial. Y los genios dicen nunca llegué a pensar que mi obra llegara a tanto éxito. Y yo pensaba que mis obras llegarían a más éxito. Así descubrí que yo definitivamente no era un genio. Entonces hice lo que mis posibilidades daban. Inventaba historias pero yo no nunca quedaba convencido con ellas. Era una insatisfacción constante. Hasta que aprendí a contar la vida y no pretender nada. Creo que la vida de cualquier personas es digna de ser contada. Todas las vidas son interesantes cuanto se les cuenta. O eso me parecía a mí.






Petrozza, M. Abril 2010.
   

5 comentarios:

  1. Laura Macrozabeth Moncada!! ji29 de abril de 2010, 8:08

    Ja es mejor leerlo que escucharlo ja

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  2. Sí, el audiotexto es por si andas ocupada o algo. Pero en definitiva es mejor leerlo. Hola Macrozabeth. Un saludo.

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  3. Cuando Roberto Bolaño era juez en algunos concursos de cuentos y literatura, él solía inclinarse a favor muchas veces de aquéllos que los demás jueces consideraban verdaderamente malos, y vaya, con su fama de llevar contrarias podría quedar justificado el hecho de que así lo hiciera precisamente para llevar la contraria, pero no, al menos, él decía que muchas veces las personas que habían estudiado, que habían pulido su estilo de escritura y demás, sabían como escribir sí, pero muchas veces no tenían nada que decir, mas aquéllos por los cuáles a veces votaba, decía, tienen en cambio mucho que decir, el problema estriba en que no saben de estilos ni retórica ni literatura, pero tienen mucho que decir, lo cuál, de ahí que tal vez tenga relación a lo que dices sobre las vidas que merecen ser contadas, tal vez yo creo que no todas, más que nada en épocas donde con los grandes medios de comunicación la gente tiende a homogeneizarse en relación a lo que llamamos "las grandes masas", tal vez por eso y a pesar de que todos tengan sus buenos momentos no todas las vidas sean tan interesantes para contarse, aunque ya mencionado Bukowski recuerdo un extracto de él, donde dice que conoció un genio X día, era un niño de 6 años viajaban en tren o metro (no recuerdo) y pasaron junto al mar, el niño le dijo: Es hermoso ¿No?...a lo cuál el acepta que nunca lo había notado... un saludo cordial y en efecto estoy completamente de acuerdo con tu cierre, al menos yo me he criado en un ambiente de la llamada y cultura underground, donde no es bien visto buscar el reconocimiento y donde el fin último es crear sin búsqueda del reconocimiento y la trascendencia, no porque se los desprecie como suele creerse que pasa en estos sub-mundillos, sino porque entre sus razones de peso se miden contra la eternidad, y es cuando te das cuenta que la grandeza es una pequeñez tremenda, eso y el hecho de que el mismo acto de soberbia que supone creerse merecedor al reconcimiento restan a veces mucho al valor de la obra, no digo que sea malo, pero por ejemplo en mi caso y en mi mundo donde crecí así es y se acostumbra a hacer las cosas por el fin último del acto creativo sin más, eso y porque al final a quedado constatado muchas veces ya, que el hambre suele ser en ocasiones un motor más de voluntad más grande que el talento, y así, gente que surgen desde los lugares menos inesperados, de los lugares que incluso podría creerse no puede salir algo bueno, contra todo pronóstico surge con una altura y calidad en su trabajo más grande que aquéllos que tienen éxito en la mafia (porque no deja de ser una mafia donde importan al final más los contáctos y las buenas relaciones a la obra en sí) y aún así, pasan desapercibidos, muchas de las mejores cosas son así, están tan bien hechas que no las notamos...un saludo y lo importante no es llegar a mucha gente, ni alcanzar la fama, sino tener el convencimiento y por ende disfrutar, del hecho que escribimos por que nos gusta y no por nada más. ¡Saludos!

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  4. Arturo, gracias por tu comentario. Por lo que veo, sabes de literatura. Y mencionas autores que son de mi agrado, como Bolaño. creo que estamps en el mismo canal. Un saludo y gracias por tus comentarios que me parecen muy preciados. =)

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  5. vaya.. después del comentario de Arturo ya no me acuerdo lo que iba a decir sobre el texto..
    jeje bueno al menos me acuerdo de que me reí algunas veces que te dí la razón otras.. y que puse cara de "naa que ver!" en otras, jaja
    así que bueno.. bien, me gusta tu estilo
    besoss

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