miércoles, 17 de marzo de 2010

Susan


Susan es una tía poco guay.  Le gusta la música clásica como género  no como Liszt o Beethoven o Bach.  Le gusta leer libros, no Cervantes, Goethes o Twains. Le gusta el arte y piensa que los graffiti pueden ser arte. Piensa que el arte pop es Madonna. Le gusta el Whisky pero no en las rocas. Sharon le habló de mí y ahora Susan cree amarme.

     Sharon ha traído a Susan a casa. Han llegado a la hora de comer. Ordenamos pizza y nos sentamos a la mesa. La conversación sucede más o menos así: 

    Susan: amo el arte, es bello. Sharon: tú también amas el arte, ¿verdad? Yo: No. Sharon: bueno pero te gusta la literatura o algo, ¿no? Yo: sí. Susan: yo amo la literatura también. Yo: pásame el ketchup, Susan. Sharon: luego me lo pasas a mí. Susan: pienso que todos deberían leer. Sharon: Susan tiene razón, ¿tú qué crees? Yo: Deberían leer los que quieran leer y no leer los que no quieran hacerlo, Dios. Susan: pero si la gente leyera sería  más lista. Yo: ¡puff! Sharon: ¿hay más cerveza? Yo: claro, coge una; en la nevera. Sharon: ¿quieres una tú? Yo: por favor. Susan: una vez leí que las personas que leemos recordamos mejor que las que no. Yo: ¿y qué tal Randy? Sharon: normal. Mientras no mate a nadie todo va bien. Yo: pásame la maggie, Susan. Susan: claro, ten.  Susan: hablemos de arte. Yo: ¡puuff! "La introducción a la fealdad en el arte moderno comenzó con la adolescente ingenuidad romántica de Arthur Rimbaud, cuando dijo: "la belleza se sentó en mis rodillas y me cansé de ella." Sharon: ¿qué? Susan: ¿qué? Yo: ¿qué opinas de aquel juicio, Susan. Susan: no sé, ni siquiera entiendo lo que dice. Yo: ¿y de este?: "los escritores no sirven para nada. La literatura no sirve para nada. La Literatura sólo sirve para la literatura. Para mí eso es suficiente." Sharon: ¿si no sirve porque lo hacen? Susan: no sé.  Yo: "Los dos genios de las formas creativas (dinamismo de la discontinuidad de la materia fijada instantáneamente) son el italiano Boccioni y el catalán Gaudí, que han hecho de Milán y de Barcelona las capitales de la revolución industrial." ¿Qué opinas de eso, Susan? Sharon: ¿quién dijo eso? Yo: Dalí. Sharon: Dalí es uno que pinta cosas, ¿no? Yo: Sharon, todos los pintores pintan cosas, figurativas o abstractas pero cosas. Sharon: quiero decir, el que pinta cosas locas, ¿no? Yo: No, Sharon, Dalí fue la persona más cuerda sobre la faz de esta Tierra. Susan: ¿de qué hablan, Dios? Yo: de arte, Susan, intento hablar de arte. Susan: vale, a mí me gusta el arte. Yo: ¿y qué es arte, o a qué te refieres cuando dices que el arte te gusta? Susan: pues el arte, ya sabes; pinturas y eso. Yo: ¿qué clase de pinturas? Susan: pues... paisajes. Sí, lo paisajes me gustan mucho. Yo: ¿Te gusta Bouguereau? Susan: pues sí. Yo: a mí no me gusta nada ese Bouguereau. Susan: tiene paisajes lindos. Yo: claro, detrás de las buenazas. Sharon: a mí me gusta Renoir. Yo: ¿enserio? Sharon: sí, amo su cuadro "jóvenes al piano" Yo: es hermoso. Susan, ¿lo conoces? Susan: no, ese no. 

    Terminamos de comer. Susan no entendió nada de la conversación, siguió dando lata con eso de amo el arte. No aguanté más y dije Susan tú no puedes amar el arte. Ella dijo por qué no. Porque no tienes la más remota idea de lo que es el arte, dije. Claro que la tengo, dijo, el arte es... el arte es... expresar emociones y sentimientos. ¡A la mierda contigo!, dije. Encendí un cigarrillo y salí a caminar. 

    Regresé a casa y las tías aún estaban ahí. Pensé que probablemente había sido duro con Susan. Después de todo eso de amo el arte es por mi culpa. Quiere agradarme. ¡Sólo fóllala, imbécil!, me dije, ella escupe toda esa mierda porque quiere que le metas el palo. ¡A por ella!, me dije.

    Recordé que Susan es amiga de Sharon así que tomé precauciones. Susan, dije, ¿eres prostituta? Susan: ¡no! Miré a Sharon a los ojos y ésta dijo no lo es. Bien dije. Sharon, dije, ¿te importaría dejarnos solos? Sharon se fue. Salió a fumar un cigarrillo. Susan me miraba extrañada. Yo no sabía por dónde empezar. Bueno, dije, discúlpame por lo de hace un momento. No es nada, dijo. Luego ya no supe qué decir y me lancé sobre ella. Me rechazó, dijo Dios, qué haces. Y yo dije: lo que debí hacer desde un principio. Y me lancé de nuevo. Me rechazó de nuevo. En eso entró Sharon y dijo Dios, qué haces. Y yo dije mierda, no lo sé y dejé en paz a Susan. Me sentí frustrado.
 
     Susan salió. No andaba molesta, más bien... asustada. Sharon habló conmigo, dijo ¿qué te pasa?, no puedes tirártele a cada mujer que te pasa enfrente. Cuando conocí a Sharon nos morreamos en un bar. La estuve mirando por veinticinco minutos antes de lanzarme sobre ella. Con Sharon funcionó. Luego Randy quiso matarme. Por eso Sharon ahora cree que siempre hago lo mismo. No todas reaccionamos igual, dijo. Lo siento, dije, pensé que ella quería conmigo. Pues sí, dijo Sharon, quería contigo. Le conté que eras distinto; un tío educado y con cultura. Por eso quería contigo. Sharon elevaba la voz en la parte de quería. No creo ser educado, dije. Para lo que está acostumbrada Susan eres un tío súper educado. Ya dije. 

Petrozza, M. Marzo 2010.

"Al fin y al cabo tampoco es tan horrible." Salvador Dalí en Los Cornudos del Viejo Arte Moderno. 

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