viernes, 5 de marzo de 2010

Poema 11, 12 y 15.



Poema 11.

El funesto día
no fue aquel donde me abandonó.
Fue aquel donde dijo “sí”.
Con un poco de sentido común
pude haber imaginado
que no todos los “sí” son maravillosos;
que no todas las mujeres
llevan al cielo.
Las hay que hunden en el infierno.
Como tú…
Como tú…

 Poema 12.

Entré al casino,
seguro de mí.
Coloqué quince mil francos
sobre la mesa;
pedí los dados,
lancé: ¡sietes!
Ahora tengo el doble de francos.

Una mujerzuela
acercóseme,
díjome:
Por treinta mil francos,
amor,
¡te llevaré al cielo!

¡Madre mía!, dije.
¿No ves dónde estamos?
¡A quién le importa el cielo!
por treinta mil francos,
me quedo en el infierno.
Lancé los dados.
Todo o nada.
¡Perdí!

Treinta mil francos me costó el infierno.
Barato,
¡Hay a quien le cuesta el alma!

Poema15.
 
Estudié comercio
y no he podido
vender mi alma
al diablo.
¡¿Tan poco vale?!
Llévatela, Satán.
Mi cuerpo enfermo
no resiste más el peso
de mi alma ensangrentada.
A cambio,
¿Qué pido a cambio?
N a d a.
Renuncio al alma, Satán,
tómala y déjame
en paz
morir.
Sácame el alma
como se sacan las muelas,
podridas,
malsanas.



Petrozza, M. Marzo 2010

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