lunes, 15 de marzo de 2010

De cómo una tía me puede dejar en cosa de minutos.

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No soy bueno con los críos. Nunca me han gustado. Pero éste sí. Es el hijo de una amiga de Sharon. Se lo ha encargado a Sharon y Sharon me lo ha encargado a mí. Tiene siete años y es un cabrón. Me ha pedido un sorbo de whisky. Se lo he dado. No le gusta, lo sé; hace muecas. Pero me ha pedido más y le he dicho, ya, ya tío, esto es para adultos. No habla mucho, es callado y eso me gusta. Parece muy independiente. Pide más trago. Le doy. Lo deja escurrir por la boca y hace ¡aaahh! Le ha quemado. Te lo dije tío, es para adultos, digo. 

    Sharon lo recogerá a las nueve. Mientras tanto hago conversación: ¿te gustan las pelis?, pregunto. Dice que sí, ¡es guay! ¿Querés mirar una película, pibe?, pregunto en argentino. Dice que sí. Bien, digo, veamos que hay. Busco entre las pelis viejas: Kieslowski, Kubrick, Fellini, Sam Raimi, Jess Franco, Tarantino, algunas pelis de troma. Elige tú, le digo. Escoge la de Kabukiman. Creo que le llama la atención el maquillaje. Toma la caja con el disco y se acerca a la televisión pero no sabe dónde meterlo. No, tío, le digo, la tele no sirve y no tengo DVD. Si quieres verla tendremos que ir a casa de mi novia, ¿te importa? Mueve la cabeza diciendo no. Es muy callado. 

    Fuimos a casa de mi novia. Ella quedó encantada con el niño. Le expliqué lo de la película y dijo no creo que sea bueno que a su edad mire esa clase de pelis. Es un crío, dije, no importa, se le olvidará a los dieciséis. Bueno, dijo ella. Entonces puso el disco en el DVD y preparó palomitas de maíz para el crío. Estaban buenas. Le dije al crío que las palomas eran para adultos y me lo creyó. Me creía todo desde el quemón del whisky. Kabukiman comenzó. Yo la había visto muchas veces y ya no era divertido. A mí novia nunca le gustó kabukiman y andaba aburrida. Comenzamos a morrearnos atrás del sofá. El crío estaba perdido en la televisión. 

    Mi novia decía no creo que sea buena idea, nos puede ver. Pero ya no tenía blusa así que tampoco le importaba demasiado. Yo le dije, qué va, míralo, está hipnotizado. Lo hicimos. Nos perdimos en hacerlo. Cuando terminamos el niño estaba frente a nosotros. Sentado frente a nosotros como antes lo estaba frente al televisor. Mi novia gritó. Yo le dije, oye, no seas entrometido, es una falta de respeto, ¿qué tu madre no te educa? Luego recordé que su madre era amiga de Sharon así que probablemente haya visto esto cientos de veces. Mi novia se vistió rápido y se lo llevó a su cuarto. Quería explicarle algo. No había nada que explicar, nos pilló, es todo.

    Abrí la nevera y tomé una cerveza. Son de la última vez que vine, pensé. Mi novia casi no bebe, es algo seria. Abrí la cerveza y me acomodé en el sofá. Cogí las palomitas y recomencé al sargento Kabukiman. A penas tiraban a la tía del edificio cuando regresaron. Mi novia y el crío. El crío se instaló en algún lugar del suelo a iluminar en un cuaderno que mi novia le prestó. Mi novia vino a donde yo y dijo, es increíble, parece muy maduro. Ya, dije, ¿qué pasó? Pues no gran cosa, no le impacta nada y no habla mucho, parece muy independiente. Lo sé, dije; y bebe whisky. ¡Qué!, dijo mi novia. Nada, tía, broma, dije. Me miró como buscándome la culpa. ¿Le haz dado Whisky?, preguntó. Un sorbido, dije, él lo pidió.

    El niño no dio más lata. Dieron las ocho y dije a mi novia que debía regresar. Sharon quedó de pasar a las nueve. Los acompaño, dijo. Bien, dije. Regresamos a casa.

    Dieron las nueve y de Sharon nada. El niño se durmió en el suelo. Parecía un pequeño vago. Destapé un par de cervezas. Di una a mi novia. No quería pero terminó aceptando. Y bien, le dije, ¿cómo has estado? Hace tiempo no salíamos. Bien, dijo, ¿y tú? ¿Ocupado?, dijo. Ya, dije, no tanto. ¡No nos vemos hace dos semanas!, dijo. Ya, dije, pues sí, he estado ocupado. ¿En qué?, preguntó. No lo sé, así es esto de estar ocupado, dije, no se sabe ni cómo, el tiempo vuela. Exacto, dijo, el tiempo vuela y en eso pasan muchas cosas. Así es dije. Me quería decir o dar a entender algo pero la ignoré, no tenía ganas. Han pasado cosas en estas dos semanas, dijo. Claro, dije, han pasado cientos de cosas: el dólar sube, Haití se va a la mierda, Polanski se va a la mierda también. Ella deja la cerveza y yo cojo otra. Enciendo un cigarrillo. Conocí un tío, dice. Bien, dije yo. Y es amable, dice. Bien, dije. Creo que le gusto, dice.  Bien por ti, dije. No lo entiendo dice, ¿es que no te importa nada? ¿Qué quieres que te diga, tía?, me dices que conoces un tío y le gustas y me das a entender que te acuestas con él, ¿no?, ¿qué coños quieres escuchar? No es eso, dice, es sólo... No sé, dice, parece que no te importa nada. Doy un trago largo a la cerveza y digo: pues bien, no, no me importa. Ella se pone furia. Grita muchas cosas, no las recuerdo todas. Cosas como vete a la mierda, no me quieres, eres un cabronazo y toda esa verborrea mujeril. No intenté calmarla, da igual.

    Hace unas horas hicimos el amor y todo iba bien. ¿Qué demonios le pasa a las mujeres? ¿Por qué toman todo tan enserio? No comprendo porqué habría de cabrearme que saliera con otros. No soy su dueño, mierda, pude hacerlo y decirme o hacerlo y no decirme o no hacerlo pero es igual. El asunto es con ella. Ella es la culpable, la puta, la libertina o como lo quiera ver pero el asunto es de ella.  A mí me da igual. Si bebo el borracho soy yo, no ella. Y así. El caso es que no se puede con ellas. Si me hubiese cabreado entonces me reprocharía lo macho y pavadas. He terminado por rendirme. Que se haga su santa (?) voluntad.

    Y bien, dice, ¿qué tienes que decir al respecto? Al respecto de qué, mierda, digo. Pues de eso, dice, de lo de darnos un tiempo. Ya, digo, por mí está bien. ¿¡Qué!?, dice. Que sí, coño, que lo que tu digas, digo. Eres imposible, dice, ¡nunca tomas nada enserio! Y tú tomas todo demasiado enserio, digo. Tomo otra cerveza. Enciendo otro cigarrillo. El crío se levanta. Mi novia lo mira y se lanza sobre él. Le dice, nene, peque, lindo y cosas. Yo bebo mi cerveza y siento asco. Asco de ella, claro; de mi novia, digo. Mujeres sólo hay dos tipos: histéricas y muy histéricas, pienso.

    Ella juega con el niño. Lo hace exageradamente, como sublimando. Yo salgo a la calle. No muy lejos, apenas a unos metros de la puerta. En eso veo venir una tía buenaza. Inevitablemente me pongo recto. Derecho, de la espalda, digo. La jeba se acerca. Es Sharon. Con su amiga. Hola, me saluda Sharon, ¿todo bien? Sí, digo, el niño está dentro con mi novia, todo bien. Hola, saluda la otra tía. No es la madre del crío como pensaba, es alguna compañera de trabajo de Sharon. Viene semi-desnuda. Pasen, pasen, digo. Y las paso. Se sientan en el sofá. Presento a mi novia. Sigue cabreada. Es lacónica. ¿Y bien?, pregunta Sharon ¿no hay cerveza para nosotras? Ya, digo, claro, claro y les acerco un par de cervezas. Entonces Sharon dice a Susan, su amiga: este es el tío del que te hablé, es escritor y es como de tu estilo, dice. Yo pongo cara de ¡qué coños! Mi novia pone cara de ¡hijo de puta! y Susan pone cara de ¿enserio?, ¡qué bien!

    No sé si Sharon no escuchó cuando dije: Sharon, mi novia, etc. a la hora de presentarlas. Como sea no le importó. Mi novia dijo tengo que irme y yo estaba cansado de discutir y Susan estaba buena y dije, sí está bien. Y eso fue todo. Se largó. El crío andaba por allí dando vueltas o algo.  

Petrozza, M. Marzo 2010



2 comentarios:

  1. "El asunto es con ella. Ella es la culpable, la puta, la libertina o como lo quiera ver pero el asunto es de ella. A mí me da igual. Si bebo el borracho soy yo, no ella. Y así."

    cierto!!!

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  2. Tus textos son como golpes de la realidad y lo expresas en la narracion con cada punto y cada coma.

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