sábado, 27 de marzo de 2010

Dos pensamientos.

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Pensamiento primero.

    Hay dos momentos en la historia de la humanidad donde al hombre se le cayó el teatro, a saber: cuando Darwin descubrió la evolución  y con ello aparejó al humano con los animales, particularmente los primates, y todo lo que ello implica, sobretodo: el hombre es un animal con vello púbico, apéndice vermiforme coecum y muelas posteriores rudimentarias.  Lo que sólo podía significar dos cosas: 1) que si el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, Dios es un gran primate. O 2) No hay dios. 

    Y la segunda cuando se convenció, aceptó y digirió que en efecto, no hay dios.

    Esto me hace pensar en un lactobacilo que paga impuestos. O en un ser fungi que descubre que la generación espontánea no es divina, ni espontanea.

Pensamiento segundo.

    Ayer miré un programa en el National Geographic sobre nutrias. Las nutrias nacen; pensemos en una nutria que nace; y desde ese momento se le viene encima el mundo. Es increíble cómo se le viene el mundo a las pobres. Un mundo hostil lleno de peligros y depredadores. A los padres de las nutrias les importa poco. La cría debe sobrevivir una suerte de desventuras que involucran tiburones, escasez de alimento, climas, ect. Luego, cuando entran en aquella edad (edad maravillosa en la vida de una nutria adolescente), se reproducen y poco después, mueren.  Es decir que (vista toda la vida de una nutria en un flashazo de cuarenta minutos) luchan por sobrevivir y luego, mueren. No importa si triunfan o no, muren. 

    Bien. Se terminó el programa y pensé en el tiburón, ¡vaya abusivo! Y supe que la vida para él era la misma cosa: sobrevivir y morir. Y los mismo para todo el National Geographic. Luego me aterrorizó pensar que el hombre tiene la suerte igual y peor: hay que sobrevivir y pagar impuestos.  La vida de una nutria carece de todo sentido. El fin es la conservación de una especie que funge de alimento a otra especie. La vida del hombre tiene como fin la conservación de una especie a la que fungen de alimento todas las especies. 

    Me da miedo pensar que somos la cosa más absurda del reino animal y de todos los reinos. No somos mejores que las nutrias ni los mejillones.


Abdul Al-Hazred. Marzo 2010.

2 comentarios:

  1. Hilarante y ala vez aterrador.

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  2. Diana Laura Velázquez3 de abril de 2010, 12:21

    wow de donde sacas eso

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