martes, 16 de marzo de 2010

De un tal Randy 3.

AudioTexto.


Randy me ha invitado a una fiesta pero he decidido no ir y eso le ha afectado bastante. No pensé que Randy me estimara más allá de la cerveza y el whisky. Ha dicho que me necesita porque gracias a mí no pierde los estribos. No entiendo qué tienen que ver los estribos con el alcohol. Soy un bebedor pasivo y eso tranquiliza en cierto modo a Randy. Pero yo he decidido pasar la noche con mi whisky y mi Beethoven

    Sharon ha intervenido y me ha pedido asista a la fiesta. No sé, Sharon, no recuerdo la última vez que fui a una fiesta. No soy muy de fiestas, le digo. Anda, vamos, dice Sharon. Hazlo por mí. Yo me hago del rogar un poco hasta que acepto.

    Randy y Sharon quedaron de pasar a las diez. Son las once y media y no han llegado. Excelente, pienso, quizá Randy perdió los estribos y mató algún amante de Sharon y ahora está preso. O mató a Sharon y ahora está preso. Bien, eso me libera de la fiesta. Y puse Beethoven en el estéreo y me serví whisky. Me senté en el sofá y cerré los ojos...

    Hay muchas tías buenas, pienso. Yo no sé de dónde salen. Ni a dónde van. Siempre van a donde no yo. Viven en un mundo que no es el mío. En mi mundo también hay jebas buenas pero es distinto. Hablo de tías realmente hermosas como Scarlet Johanson.  Las miro y me pregunto dónde está la puerta a ellas. Luego miro a los tíos que van con ellas y lo sé. La puerta está en la billetera. 

    Mi billetera sólo abre puertas traseras. Mujeres de tras-patio. Mujeres que dejan la puerta abierta, ¡sí señor! Y pienso que éstas son las mejores. Quizá no. Quizá todo éste mal. Quizá deba buscar empleo y abrir otras puertas. Puertas de caoba. Quizá deba dejar el vicio. Hacer caso a mi novia y dejar el vicio. Lo que ella no sabe, pobre, es que dejando el vicio la dejo a ella. Cogiendo un trabajo no la necesito. ¿O a caso cree que ella cabe en otra vida; en una vida con empleo y billetera?

    Quizá deba escribir canciones. Canciones como Sabina. No entiendo cómo Sabina puede ser Sabina con tanta plata. ¿A caso ya no lo es? Escribiría canciones como el viejo Sabina. Pero primero habrá que comprar la guitarra y no tengo pasta. La literatura no exige sino papel y pluma. Y el papel y la pluma caben en mi mundo como aquellas tías tristes. 

    ¿Cuándo llegó la literatura a la pobreza? En el siglo XIX, dice Garrison. Ya, digo yo. Ya, digo yo. La literatura aristócrata del siglo XVIII lo tiene todo menos una cosa: (?) No, no es cierto. Lo tiene todo, ¡mierda! Pienso en Goethe, ¡qué tío! Lo tiene todo. Yo únicamente tengo mi libreta y mi pluma. Y mucha historia. Historias que se rehúsan a quedarse dentro. No son cosas talla Dostoyevski pero se rehúsan.

    Tocan a la puerta. Es Randy y Sharon. También viene Susan. Entro al auto de Randy. Es un Chevrolet 65 o algo. Me llevan a la fiesta, mierda. 

    Camino a la fiesta Susan no para de hablar. Dice: a mí también me gusta escribir a ratos. Pero escribo para mí, cosas que siento. Te entiendo. Y yo: dudo que me entiendas, tía. Luego dice: me gusta mucho leer. Y yo digo: bien por ti. Y ella dice: ¿te gusta Márquez? Ya no digo nada, empiezo a divagar. Imagino la siguiente historia y la dejo hablar:

    Historia rápida 1.

    Un tío chileno toca la guitarra y canta en un café público del centro de Tlalpan. Cuando termina su breve repertorio pide unas monedas. Luego se marcha a tocar a otro lado. Y luego a otro y a otro y a otro... Al final de su jornada entra al Thai Gardens. Ha juntado mil doscientos pavos. Los tíos que le dieron dinero en los cafés jamás han ido al Thai Gardens.

    Al día siguiente el callejero canta-autor hacé lo mismo. Los clientes del los cafés llegan a casa cansados. El tío chileno va al Thai Gardens. Luego duerme en un hotel de Garibaldi. No tiene casa. 

    Los tíos que cenan en el Thai Gardens miran entrar al chileno. Luego ya no lo miran, es igual. al final el chileno coge su guitarra y sale. Los otros tíos cogen los Audis y los Mercedes y salen. No tienen guitarras. 

    Una tía en un café del Centro histórico está enamorada secretamente del chileno. Él no lo sabe. Toca sus canciones y pide monedas. Ésta jeba le da al chileno cien pavos. El chileno agradece con una sonrisa y se marchá. Llega al Thai Gardens al anochecer y luego se pide un café con leche en un café de Garibaldi donde a veces va a tocar. Está enamorado de una mesera de aquel lugar.  Ella lo atiende y el chileno deja los cien pavos a esta tía como propina. La mesera le agradece con una sonrisa y él se va.

    La mesera llega a casa luego del trabajo y le dice a Royer, su marido, que un tío le ha dejado cien pavos de propina adicional. Royer coge los cien pavos y el demás dinero y compra whisky. 

    Después de un largo proceso, los cien pavos acaban en Jhonny Walker Inc. Entonces la compañía hace más whisky para Royer y para mí. Y el chileno sigue enamorado de la mujer de Royer. Y la tía del café sigue enamorada del chileno. Y J.W. Inc Sigue haciendo más whisky. Y el argentino sigue cantando en cafés y cenando en el Thai Gardens. Todo va muy bien pienso yo. 

    Y llegamos a la fiesta.    


Petrozza, M. Marzo 2010.

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