martes, 9 de marzo de 2010

De cómo influí en el casamiento de los Garrison.

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Por esos tiempos yo andaba enamorado. Me enamoré de una menor. ¿Qué cómo pasó? Pues sencillo, era una menor, ¿a quién no enamora eso? No tenía muchos amigos así que se lo conté a Garrison. Y dijo: ¡no jodas, es una menor! Ya, dije, ¡por eso, tío, por eso! La idea no le cataba para nada. Él salía con una chica más grande, cinco años más grande. Era la novia del guitarrista de su banda; él era bajista. Y pensaba que yo estaba equivocado por liarme con una tía siete años menor a mí. No paraba de joder, me decía: ¿de qué diablos se puede hablar con una niña? Y yo decía, bueno, sí, no hablamos de Proust, pero es lindo estar con ella, le quiero. Y en verdad le quería, ¡cómo le quería! Hasta que un día me dejó. Simplemente me dejó.
 
    Bien. Pasados unos meses Garrison también dejó aquella zorra mayor. Fuimos al café La Selva, Garrison y yo. Y dijo: tengo una novia nueva. Qué bien, dije. Nos pedimos un par de americanos tradicionales. Encendí un cigarrillo. Garrison encendió un cigarrillo también. Me contó y no lo pude creer: ¡su nueva novia tenía quince años! Eso es nueve años menor que tú, dije, ¡maravilloso! Ya, dijo, no es para tanto, no sé cómo pasó. Esas cosas pasan, hombre, no te apures, dije. Laura ya no atendía el café. Una gorda de cara agria nos trajo los americanos. Me lo contó todo: la conoció en un foro de Serrat o algo y  la tía toca la guitarra y le gusta Sabina y no parece menor. Claro, dije, ninguna menor lo parece cuando sales con ella. Encendí otro cigarrillo. Garrison encendió otro también.
  
    La tía resultó ser chévere. Le gustaba Serrat y Sabina y tocaba la guitarra. No parecía menor. Garrison me pidió que lo acompañara a casa de su novia. Vivía en el Estado de México, a horas de nosotros así que antes compré un six-pack de cervezas. Para el camino. Entramos al auto y fuimos a por ella.

    Lo pasamos bien. No recuerdo mucho, compré otro six-pack y luego bebí de una vieja botella de whisky que había en el auto de Garrison. Fuimos al café La Selva. Quiero decir que fuimos a recogerla al Estado de México y la trajimos al Centro de Tlalpan, ¡mierda! Y luego la regresamos. En el café tomé un par de americanos y se me bajó el trago. Compré aguarrás porque ya no tenía plata. Para el camino. Entramos al auto y fuimos al Estado de México, ¡coño!

    En el camino hablamos de ella. Es decir, ella me contó su vida. No era una vida agradable. Mi padre es alcohólico, dijo. Ya, dije, qué mal. Di un trago al aguarrás, ¡Agh!, ajá, ¿qué más? Y pega a madre y a mis hermanos. Tenía un hermano y una hermana. La hermana era todo un caso: embarazada de un padre desconocido, dos veces. Prostituta algún tiempo, alcohólica, tatuada, ya saben, cosas así. Me contó muchas historias escalofriantes. Su padre estuvo preso por homicidio. No tienen dinero en casa. Y pensar que tiene quince años, pensaba; no es justo que una niña sufra esa mierda. Me calentó la cabeza.

    Cuando llegó el momento de dejarla en casa no quiso entrar. Había soltado todo y ahora no quería regresar a casa. Yo tampoco quería dejarla allí. No la podía llevar conmigo, no era mi novia. Y además era menor. Di un trago mientras pensaba algo. Ya no recuerdo qué. 

    Garrison decía ya amor, entra a tu casa. Y ella no, no, no. Y yo pensaba, ¡qué no entre a casa! No podía decir nada, no era mi novia, no era mi asunto. Bebí otro poco mientras los escuchaba discutir. Garrison: anda, mañana paso por ti. Y ella: no quiero, quiero estar contigo. Y él: mierda, si no llegas a casa padre se cabreará. Y ella: no importa, no quiero entrar. Entonces no pude más y abrí la bocaza. Dije: coño, Garrison, llevémosla a casa. No le pareció buena idea. Dije, anda, llevémosla a casa, no la dejes aquí; no le gusta. Ambos callaron. Así que continué: la cosa es fácil, tío, ella no quiere estar aquí, no veo por qué dejarla aquí. Puede vivir en tu casa, vives solo, mierda, la cosa es fácil. G
arrison dijo que no era buena idea y ella dijo: sí, eso es, me parece bien; viviré contigo. Quiero estar contigo. Y yo dije: mierda, Garrison, sí me hubiese dicho eso mi ex novia, no lo hubiese pensado dos veces, la quieres, ¿no? Él dijo sí, claro, la quiero, pero no es tan fácil. Y yo dije; a qué sí. Y él: no, no lo es. Y yo: sólo enciende el maldito auto y vámonos de aquí, coño. Ella dijo: Sí, sí, sí.

    El caso es que ideamos un plan. Dije, ya sé, di a tu madre que estás embarazada y por eso te vas de casa a vivir con el tío que te embarazó. Garrison dijo: ¡Maldición, no! Me meterás en problemas. Ella dijo: claro, buena idea, si salgo embarazada padre me echará de casa y tendré que ir contigo. Bien, dije yo, arranca el auto y otro día le decimos, ahora llévenme por una cerveza. No, dijo Garrison. Trató de explicarle a ella: amor, está bien, vivirás conmigo pero lo haremos por las buenas, de la manera correcta. Ahora entra a casa. Ya, tío, róbala como en los viejos tiempos, dije, será emocionante. Yo realmente estaba emocionado. Ella se emocionó también e insistió: anda, Garrison, róbame. Y yo: mierda, si una menor me dijera eso, coño, si una menor me lo dijera…

    Garrison me largó del auto. Me pidio que bajara del auto unos minutos. No, tío, dije, está piba debe huir de aquí y… Me dio cincuenta pavos. Bajé del auto. Fui a por una  cerveza. También compré cigarros. Bebí mi cerveza en la banqueta esperando la señal de Garrison. La señal demoraba mucho. Era tarde y tenía frío allá fuera en la banqueta. Bebí mi cerveza y fui a por otra. Luego otra. Luego ya no aguanté más. Miraba las siluetas discutir dentro del auto. A la mierda, pensé y entré al coche. Ya, Garrison, vámonos. Y ella: sí, sí, sí.

    Finalmente G
arrison arrancó y salimos de allí con la menor. Garrison decía, me voy a meter en problemas. Y yo: claro que no. 

    Al día siguiente fui a visitarlos. Todo iba bien. 

    Al día siguiente los visité de nuevo. Todo iba bien. Fuimos a comer a La Selva. Me pedí unas enfrijoladas con pollo y una cocacolabienfría. No sé qué ordenaron ellos pero sé que yo ordené aquello porque siempre lo hago. Estábamos planeando el asunto. Ella fingiría lo de su embarazo y así Garrison tendría que casarse con ella y así podría salir de casa con la ley por medio. Era importante la parte de la ley por medio porque conociendo a padre podría matar a Garrison. No creo, dije, hágamoslo. Acordamos enfrentar a padre. Iríamos los tres a decir que su hija estaba preñada. Yo defendería a G
arrison en caso de ser necesario. Bien, dijo ella. Bien, dije yo. Garrison no estaba convencido. En eso sonó el móvil de Garrison. No le dimos importancia y ella y yo continuamos riendo del asunto. Para nosotros era un chiste, una payasada. Entonces Garrison cortó la llamada y serio dijo: era padre. ¿Y bien, dije, le anunciaste el embarazo? Amenazó con levantar una denuncia por secuestro de una menor y estupro, dijo. ¡Mierda, dije! Ella enmudeció, dijo padre no juega, lo hará. Garrison no dijo nada. Bien, dije, calma, no pasa nada, terminemos la comida y vayamos a por una cerveza, luego pensaremos qué hacer. 

    Al día siguiente los visité. Estaban preocupados. Ambos. Coño, dije, pero si todo esto se pone interesante, no podemos rendirnos ahora. No, dijo Garrison, la llevaremos a casa y pediremos perdón. Ella no decía nada; G
arrison le había lavado el cerebro. Ya, dije, que no pasa nada. Que sí pasa, dijo Garrison, que me voy a la cárcel por corrupción de menores, mira: me enseñó un citatorio. Coño, dije, un citatorio, ¡no vayas!, vamos por una cerveza. ¡No!, dijo. Bueno, entonces te robaré un poco de whisky, ¿dónde lo tienes? Allá, bajo ese mueble, dijo. Me serví hielos con whisky en un vaso y me puse a pensar. Pensé qué haría Carver en mi lugar. No supe qué haría Carver en mi lugar. Entonces supe que la cosa dependía totalmente de mí. Bien, dije, han ganado la batalla pero no la guerra. La entregaremos. Diremos que está preñada y es cuestión de tiempo para que padre los obligue a casarse. Claro, dijo ella, él no querrá mantener al crío. Exacto, dije, lo hará para castigarte, ese será tu castigo: cargar con los gatos de ella para toda la eternidad.
    
    Al día siguiente fuimos a hablar con padre. Fuimos los tres. ¡Hasta el Estado de México¡ Padre no estaba, andaba de juerga. Hablamos con madre. Madre no se cabreó, dijo, bueno, me parece bien. Ya, dije, no se preocupe, G
arrison es un buen tío, yo meto las manos al fuego por él. Bien, dijo madre. Bien, dijo ella. Bien, dijo Garrison. Yo dije: ¿y padre? Madre dijo que no importaba, ella lo arreglaría todo. Regresamos a casa y dije a Garrison: lo ves, no pasó nada. 

    Al día siguiente los visité. Andaban contentos. Ahora sólo quedaba un problema: el bebé. ¿De dónde sacaríamos un crío? Ya veremos, dijeron.
 
    Al día siguiente los visité. Me anunciaron que la semana entrante se casarían por el civil. Bien, dije, eso hará que nadie te demande y nos libraremos de padre. Sí, dijeron.

    A la semana siguiente se celebró la boda. Asistieron madre y la hermana de ella y algunos amigos. La hermana se lió con un mesero y fueron a vivir juntos. Eso es una tía fácil, pensé. Luego fuimos a celebrar a casa de G
arrison.
 
    A la semana siguiente los visité. Dijeron que ella estaba embarazada. Yo dije, ¡mierda! Ese no era el plan, el plan era fingir que estás embarazada. Pues ahora lo está de verdad, dijo Garrison. Ya dije.
 
    Y ya no los visité.

Petrozza, M. Marzo 2010. 

1 comentario:

  1. jo que gracioso tal como siempre lo ví! ji

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