sábado, 6 de marzo de 2010

De cómo Aristóteles fue engañado por una doncella por consejo de Alejandro porque le criticaba su mucha relación con las mujeres.





La historia de Aristóteles y Filis, el filósofo que se dejaba cabalgar.

    Sobre las relaciones entre los filósofos y las mujeres, una de las historias menos conocidas es la que envuelve a Aristóteles, Alejandro Magno y Filis:

    En el “Libro de las Bienandanzas e Fortunas” del vizcaíno Lope García de Salazar . Se cuenta la historia “De cómo Aristóteles fue engañado por una doncella por consejo de Alejandro porque le criticaba su mucha relación con las mujeres”:


    "Alejandro, viéndose reprendido por su maestro Aristóteles, siendo un muchacho, porque prestaba excesiva atención a las mujeres, encontró la manera de burlar a su maestro. Acordó con su doncella que lo engañase y ésta se acercó a él con tal ingenio, dándole a entender que lo amaba, y lo puso en tal estado, que él la amó ‘desigualmente’, y le descubrió su amor. 

    Pero ella, siguiendo los consejos de Alejandro, fue dándole largas dulcemente. Aristóteles le ofreció todo cuanto ella le pidiese y le aseguró, además, que haría cualquier cosa por ella. La chica respondió que también ardía en deseos, pero antes de entregarse a él, deseaba una cosa. Él le respondió, lleno de gozo, que le pidiese lo que fuese. Señor –le pidió ella-, permitidme que os cabalgue con espuelas como si vos fuerais un caballo y que os ponga frenos y silla de montar, y que os haga cabalgar por la noche, a la luz de las velas, cuando todos estén dormidos, para que no se enteren en palacio. Aristóteles protestó alegando que tal cosa era de mucho daño para él y de poco provecho para ella, pero la muchacha insistió con el siguiente argumento: señor, los hombres acostumbran a burlarse de las mujeres después de que han satisfecho sus deseos; pero si vos os quisierais burlar de mi, yo siempre podría contar que os he cabalgo como un caballo.

    Aristóteles asintió y ella le puso frenos y lo ensilló y montada sobre él le hizo correr a cuatro patas hiriéndolo con sus espuelas. Entonces Alejandro que había estado escondido, se mostró y le dijo a Aristóteles: ¿Qué estáis haciendo, maestro honrado? Aristóteles, con gran pesar y mayor vergüenza, le dijo:

    - ¡Alejandro, hijo! Has sido tú quien ha tramado todo esto. Pero ya he aprendido la lección. Ya no te reprenderé más por tratar con mujeres, pues no hay inteligencia humana que no sea nublada por el amor de una mujer.

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