lunes, 1 de marzo de 2010

La ventana.




AudioTexto.





 Llegué a casa luego de caminar más de una hora. Me senté en el sofá y pensé en escribir algo. Yo era un escritor que casi nunca escribía. No había tiempo. No trabajaba, no hacía nada, y no había tiempo. El tiempo se me escurría y cuando llegaba, lo mataba. Yo mataba al tiempo y el tiempo a mí. Yo sabía que el alcohol no me dañaría al grado de acabarme. Ni el tabaco. Pero el tiempo… Tampoco me inquietaba demasiado. Al principio ni siquiera lo notaba. La vida no tenía gran sentido para mí. La vida no tiene sentido, pensaba. El hombre lo ha buscado pero nada. Y cuando decía “el hombre lo ha buscado”, me refería, claro, al hombre objetivamente hablando. Porque en lo particular, pensaba, al hombre tampoco parece importarle demasiado. Se conforma con los problemas diarios. Cosa buena pues acerca más al hombre a al hombre y lo aleja de Dios. Cuando uno no encuentra sentido a su existir ontológico, termina en Dios. Y cuando uno termina allí, está jodido.

  El caso era, no escribía casi nunca. Escribía únicamente los textos para Nicaragua. Eso era todo mi material. Cuando escribía lo hacía concienzudamente. Podía pasar uno o dos días escribiendo endiabladamente, sin parar. Pero eso era una vez al mes.  Mandaba los textos y no guardaba copias para mí. Sólo poseía mis viejas libretas escritas a mano; ininteligibles  e incorrectas; borradores. Si una editorial me solicitase una novela pronto, me hubieses visto obligado a fracasar. Pero aquel día llegué a casa, me senté al sofá y escribí mientras bebía Jhonny Walker etiqueta roja y fumaba decenas de Delicados:

La ventana.

Desde el fondo de mi habitación, recostado en la cama, fumando un cigarrillo; el último, espero. Miro sin pensar a través de la ventana. La vista es la misma que tienen mis vecinos, la güera de arriba, el flaco de abajo: pero lo que yo observo no lo mira nadie. Todos ven pasar un pajarillo cantarín, una lagartija en el árbol. Eso lo veo, sí. Lo que no ven ellos es que el pájaro no es un pájaro común, sino un canario africano exótico. La lagartija no es africana, se me antoja tibetana, eso es, muy tibetana; está enojada, no sabe cómo llegó al árbol tras mi ventana. El viento pasa furioso y los animalillos salen de cuadro. Ya sólo veo el humo de mi cigarro ascender y salir gustoso por el rectángulo en la pared. Unos minutos después llega un escarabajo egipcio, muy bello, negro y dorado es él. Enorme con sus patitas hábiles. A su lado pasa una cucaracha, tal cual la canción popular, fumándose un porro. Es aquí cuando me pregunto ¿¡pero cómo!? Me pongo entonces los anteojos; miro que no es un escarabajo sino un vulgar grillo, y que la cucaracha es una hormiga cargando una hoja verde que confundí con marihuana. ¡Qué decepción! La vida es bellamente miope. Tiro los anteojos y llega entonces un gato bigotón que me sonríe y me pregunta por mamá.

Petrozza, M. Marzo 2010.

1 comentario:

  1. yo quisiera poder abrir mi ventana y através de ella poder ver tu ojos que se topan con los míos...

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails

Derechos reservados.

Todos los textos de este sitio son de la autoría de quien los firma y están debidamente protegidos bajo la Ley Federal del Derecho de Autor. Para su reproducción total o parcial, favor de contactarse a: redaccion@whiskyenlasrocas.com