lunes, 22 de febrero de 2010

Zen.


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Yo no comprendía muy bien lo de la filosofía zen. La conocí cuando mi novia me regaló un libro de esa mierda. Yo no lo quería leer porque era un best-seller comprado en Sanborns. Entonces me fui a las librerías de viejo en Miguel Ángel de Quevedo y Donceles y conseguí unos buenos libros sobre todo eso. Lo hice porque mi novia preguntaba si había leído el libro y como ella estaba en una etapa budista o algo, quería platicar todo el día sobre aquello. No leí gran cosa. Venían preguntas de alumnos a maestros y los maestros siempre respondían cosas indescifrables. Por ejemplo: un alumno pregunta a su maestro cómo llegó a convertirse en maestro y éste responde: “cuando duermo, duermo. Cuando lavo, lavo. Cuando como, como….” Y así. Entonces pensé ya, es fácil. Y pensé que yo siempre había sido un maestro zen sin saberlo porque cuando follo, follo; cuando camino, camino; cuando bebo, bebo; cuando duermo, ¡duermo!; cuando no tengo empleo, no tengo empleo; y no me preocupo sino por el presente. Y era verdad, todo me importaba poco. Si una tormenta caía sobre mí en mis caminatas por el Centro, no corría a refugiarme desesperado; continuaba indiferente porque cuando me toca, me toca.  Y pensaba que un maestro zen haría lo mismo. Cuando me tocaba follar una jeba buena la follaba y no pensaba en ninguna otra. Cuando tocaba una jeba fea, también. 

     Confundí la filosofía zen con la indiferencia y le dije a mi novia yo soy un maestro zen pero no me creyó. Yo realmente lo creía pero no mucho, en el fondo daba igual, ser o no maestro zen no cambiaría nada. 

     También descubrí, gracias a Hesse que los monjes budistas ayunan. Yo ayunaba, ¡mierda, cómo ayunaba! No le pedía gran cosa a la vida, comía lo que podía, vestía lo que podía, follaba lo que podía, hacía lo que podía. No envidiaba nada ni a nadie, como los maestros zen. Yo definitivamente era un maestro. Olvidaba pronto, no vivía del pasado, ni por el futuro. Siddartha habla del no-hacer y ¡coño!, soy especialista en no hacer cosas. Me dejo caer como una piedra arrojada a un lago, hasta el fondo. Y eso, decía Hesse, debe hacer uno para alcanzar la iluminación. Pero el fondo no es bello, no comprendía nada a Hesse.

     Una ocasión discutía con mi novia sobre el significado de un haiku. No lo recuerdo pero era como todos los haiku: pavadas metafóricas sobre la naturaleza escritas en versos de cinco-siete-cinco sílabas y así. Ella decía que era muy bello y yo decía que no. Yo decía que ni siquiera era un haiku, sino una tanka. Ella insistía y yo también. Ya lo recuerdo, decía algo así: ¿Quieres ver soledad? / Sólo una hoja de árbol / queda ya. Efectivamente era un haiku pero me gustaba llevar la contra a mi novia y a todos. Como sea me daba igual estar en lo cierto o no. Me gustan la personas que se apasionan y discuten por horas la colocación de una vocal, de un acento, de una palabra; la clasificación de tres versos. Y me gustaba que mi novia no se rindiera y continuara aferrada a su opinión sobre el haiku. Ella comenzó a leer y todos los días me parecía más interesante. Hablábamos de literatura, de geografía, de pintura, de música, de todo. Eso hacía que me sintiera menos solo. Incluso estando con mujeres me sentía solo. Pero con ella no. Aún discutíamos por la bebida pero cada vez menos. Ahora discutíamos más por la estética literaria. A mí me tenía sin cuidado pero ella resultó ser muy cuidadosa. No soportaba un solo error y comenzó a cambiar de parecer respecto a mis textos. Yo la enamoré con mis textos. Recuerdo que le gustaba leerlos y decía que eran magníficos porque no pretendían nada. Comenzaron a gustarle los textos que pretenden cosas; que están bien logrados. Y yo nunca he logrado nada ni he pretendido nada, ¿cómo esperar que mi literatura sea otra cosa de lo que es? Realmente me cabreaba cuando decía que Flaubert era mejor que yo, o Pavese, o Kafka. ¡Kafka!


Petrozza, M. Febrero 2010.

2 comentarios:

  1. grato recuerdo el de Siddartha....
    aunque se me hace muy risible eso de que tal vez todos tenemos un zen a dentro

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  2. Me encantó el texto y la ironía que tiene.

    Creo que tienes madera, Aún me falta explorar más el blog, pero ratifico que me han gustado los textos,

    Saludos martin!

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