lunes, 22 de febrero de 2010

Luz

AudioTexto





Hay dos cosas que no soporto en un nombre propio: los sustantivos y los monosílabos. Aquella mujer se llamaba Luz y eso me jodía las bolas. No podía llamarla por su nombre sin sentir extraño; sin que una catarata de pensamientos gramaticales y metafísicos me aplastase. Era como llamarla mar o pan o sal o col o sol. Tampoco la llamaba amor, nena o linda porque no lo era. Me repugnaba. Sin embargo la hice mi novia y fui a vivir con ella.
 
    No era una tía realmente fea, algunos hombres la deseaban. Los hombres que la deseaban eran grandes, corpulentos; ella era una tía regordeta, de huesos grandes y yo un flaco.
 
    Todas las mañanas despertaba con esta tía a mi lado y me decía: no vayas a trabajar. No amo el trabajo, es cierto, pero lo prefería a estar con ella y llegaba puntualísimo a trabajar. Entonces mi jefe creía que yo amaba el trabajo y Luz me reprochaba que trabajara tanto. Comprendí que así funciona la cosa. Ahora entiendo a esos tíos que se casan con tremendas fieras y pueden llevar una vida normal, una vida de ir al trabajo toda la vida.
 
    Todos los días eran iguales. El problema eran las noches, que también eran iguales todas. A la hora de volver a casa Luz me llamaba y preguntaba cómo estás y dónde estás; dónde estás era lo que realmente importaba. No podía perder un minuto, debía regresar inmediatamente a con ella. Llegaba cansado a planchar la camisa del día siguiente y a cenar algo que comprara Luz porque ella salía del trabajo antes que yo y llegaba antes que yo y le molía estar sin mí tanto tiempo. Cenaba de mala gana porque sabía lo que se avecinaba: un baño frío y luego a la cama con una tía que no me paraba la pinga. Ya, sí me paraba la pinga pero para eso tenía que pensar en otra cosa y no siempre se ponía del todo dura, lo que me hacía quedar bastante mal. Yo decía: no sé qué pasa. Y ella decía: no te preocupes. Y me chupaba el palo y yo pensaba en otra cosa y entonces la cosa no salía tan mal porque finalmente me corría en la garganta de aquella foca. Lo pésimo era que ella luego quería más. Me abrazaba y besaba y pegaba su cuerpo desnudo al mío y olía mal. No lo soportaba. Finalmente lograba penetrarla, ella siempre encima de mí porque de lo contrario no podía hacerlo, y terminando me acurrucaba en mi esquina de la cama y no hablaba más. Por supuesto Luz deseaba hablar. Deseaba hablarme toda esa mierda de no me dedicas el tiempo suficiente, te amo, te quiero ver más, no te importo, debes ser cariñoso... Yo únicamente deseaba dormir las pocas horas de sueño restantes y regresar al trabajo lo antes posible. Deseaba salirme de la cama a orear el cuerpo. Antes de follar me daba un baño que de nada servía porque follaba a Luz. A veces iba al trabajo oliendo a sexo. Los dedos de la mano me olían a vagina. Los llevaba a la nariz y oliendo recordaba que en la noche sería lo mismo. Quería huir.  Sentía vehementes ganas de largar a Luz de casa. Pero era su casa, claro, y no podía largarla.

5 comentarios:

  1. espalda de bronce8 de marzo de 2010, 0:06

    "Ahora entiendo a esos tíos que se casan con tremendas fieras y pueden llevar una vida normal, una vida de ir al trabajo toda la vida."

    me recuerda al gran maestro amante del wisky y las putas... especialmente las putas corpulentas que destrozan camas en moteles....
    saludos.

    ResponderEliminar
  2. Chales... y yo me llamo Lutz. ¡jajaja!

    ResponderEliminar
  3. rifado, esa es una relación de casados.. no hay más

    ResponderEliminar
  4. jajajajajajajajajaj no maaa genial!! es la neta!!!!!!!

    ResponderEliminar
  5. Zharliiee Heernaandeez18 de septiembre de 2011, 21:15

    i likeee.!! :DD

    ResponderEliminar

Related Posts with Thumbnails

Derechos reservados.

Todos los textos de este sitio son de la autoría de quien los firma y están debidamente protegidos bajo la Ley Federal del Derecho de Autor. Para su reproducción total o parcial, favor de contactarse a: redaccion@whiskyenlasrocas.com