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Blog autobiográfico." Cuando escribo no pienso en el lector. Olvido que no todos somos cerdos. Ese es mi gran error. Y el de ellos." Martin Petrozza.

Héroes

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domingo, 17 de julio de 2016

¿Conoces algún modo de matar a una señora sin que te encuentre la policía?


Hay una señora, una tal Irma, que se la pasaba jodiendo por llamadas y mensajes y hasta citas en persona. Ya no la aguanto… pero… es mi trabajo, ¿no? El colmo fue el viernes. Me citó en su local a las cinco de la tarde. Vamos, Dios, yo trato de escaparme del trabajo puntualmente a las cuatro, a más  tardar a las cinco. ¡Y en viernes!

Fui y soporté toda esa mierda. Y lo único que quería en realidad era un vaso con cerveza. Pero eso ya lo sabes, te lo he contado muchas veces. No es culpa tuya, eh. ¡Ni mía! Todas las vidas son monótonas. Hasta la vida del rey. ¿Y de qué quieres que escriba? Guárdate tus clases de literatura. Recítatelas a ti mismo cuando escribas. Y no es mala onda, hermanito. Oye, no quiero saber nada más sobre escritores; ha sido suficiente de escritores. Anoche fuimos a una fiesta de escritores y lo supe: esos pobres chicos están chupándose el dedo. A sus veintiocho años. Y hay quienes lo continúan haciendo a los cuarenta. No hay mejor modo de acabar con un escritor que darle una beca, un premio, un aliento. Con nada, se creen todo. Les quitan lo más valioso para un escritor: la vida; el sufrimiento. ¿Cómo van a sufrir si los mantiene el Estado? Y los mantiene en la pobreza, solamente. ¿Sabes qué son los premios? Son tenazas de capar. Hemos olvidado que un escritor no le debe nada a alguien. Ni a sus lectores. A la sociedad menos, caracho. Si no me quieren escuchar, que se vayan.  Dale un premio a un escritor y verás.

      Mira, nena, no es cosa tuya, pero tengo los nervios deshechos, así que, POR FAVOR, bájale a tu humor o me largo al bar solo. No, eso no. No puedo hablarle a sí a mi mujer. ¿Sabes qué es lo peor de todo esto? Que para esa tal Irma tengo puras sonrisas, pura tolerancia y amabilidad. ¿Y qué queda para mi mujer? Ajá. Bueno, bueno, voy a calmarme. Antes de llegar a casa fumaré un cigarrillo. Cogeré el camino largo. Lo haré a pie. Respiraré profundo…

      Antes de comprar el anillo supuse que mirarlo me haría reflexionar. Pero no. Lo miro y no pasa nada. Ahí está, en mi dedo, el anillo de bodas. A veces lo hago girar y eso sí me calma. Hasta que recuerdo cuánto me costó. Soy un viejo feo, caray. Cuánta razón tiene Carlitos. No meteré a Carlitos en esto. Sería demasiado ingrato de mi parte, pues. Al menos ahora las personas saben que estoy casado. Me hace sentir como un señor. A mí me gusta, eh. No soy como esos que no quieren crecer y se avergüenzan de acercarse a los treinta años. Por mí mejor. No quiero ser toda mi vida un escuincle caguengue. Hay que hacerse un hombre, pues. Hay que pagar las cuentas, mantener a una mujer, hacer algún dinero y luego… no sé… No importa qué edad se tenga, siempre se está medio perdido en esta vida. Pero al menos hay que avanzar por ella con dignidad. No como esos que quieren ser adolescentes toda su vida. ¡Si la adolescencia es la peor parte! Más vale, en todo caso, quedarse a los cuarenta años. Con dinero y libertad suficientes, pero sin ser un anciano. ¿Sabes que según mis encuestas, a casi todas las chicas les atraen los de cuarenta? Hay seguridad, experiencia y virilidad. ¿Quién quiere a un majadero de treinta con gorrita, Convers y audífonos de iphone? Ni ellos mismos se quieren ni se aceptan. Bueno, da igual…

      Ya casi no puedo ni mirar el culo de las chicas en la calle. Ni cuando voy solo, caracho. Estoy condicionado. No pensé que llegaría el momento en que cedería. Esta mujercita sí que me ha cambiado. Mira, allá hay una buena. Y veme. Agacho la mirada. No vaya a ser que la pobre chica note en mí intensiones. Más bien, pobre de mí. Y no es que no ame a mi mujer, no. Verás… ¡Qué va! ¡Tú lo sabes perfectamente! ¡Amo a mi mujer! ¡Más que a cualquier otra! ¡Hasta me casé con ella! ¿Es que no basta? Aún me pregunta si la quiero. Muñeca, ¡pero sí me casé contigo!, ¡sobra la respuesta! Para mí es fácil porque soy Acuario. Somos así, pues; si no te quisiera ya te hubiera largado. Tampoco es culpa suya. Es su género. Las mujeres necesitan palabras. Es su gasolina. Les importa más la palabra que la acción. ¿Absurdo? Ja, dímelo tú. ¿Con qué sedujeron a Eva?

      Ya sé que cada uno tiene sus problemas, pero, ¿sabes?, si el pinche cerdo de atrás de mí me vuelve a pegar con su mochila, le voy a partir la madre.

Es curios; cada que pienso en algo así, cada que doy un ultimátum a alguien mentalmente, la cosa para. Quizá irradio mala vibra. Qué sé yo. ¡Lo único que quiero es sentarme a una mesa en Tres Gallos, con mi mujer, algún amigo, y beber y beber!

Me doy lástima. En qué me he convertido. En uno de eso hombres con una vida hecha. Antes tenía mucho tiempo para beber, pero no tenía dinero. Ahora tengo dinero pero no tengo… La vida es una estafa. No te la creas, hermanito. No hay nada bueno. Es mejor seguir con la nalguitas de fuera, siendo un querubín en el Cielo, que venir a trabajar y beber acá abajo. Bueno… hay cosas buenas, no digo que no. Hay culitos de mujer, hay cerveza, hay cocaína, hay humillación. Supongo que en el Cielo no puedes azotar a una mujer en un hotel del centro y gritarle mamarrachadas. Supongo que no puedes sentir la gloria al venirte en la cara de una niña de quince años. Supongo que uno debe perderse de una buena farra en el Azteca´s. Aunque, haciendo cuentas, todo eso se paga muy caro. Quizá sea mejor ni conocer esos placeres. Una vez que los conoces, ya no eres el mismo.

Con este coraje ya ni los cigarros me saben bien. Nada más llegar a la calle de mi casa veo al pendejo de la panadería. El que saluda a mi mujer con esa sonrisita. Ya lo encaré. Y dejó de hacerlo, sí. Eso no lo libra de mi odio. Un día voy a enloquecer y voy a asesinarlo. A él y a muchos otros. A veces me pregunto si de verdad tendría los huevos para matar a alguien. A veces pienso que sí. A veces pienso que no. Y también están las francesitas. Ya ni me saben, tampoco. Ya no las miro como a mujeres. Ya no sé qué soy. Matar y violar, es la única salida. Goetz tenía razón: no se puede ser bueno en esta Tierra. Hay que ser malo. Se puede amar siendo un hijo de puta. El amor y el odio no están peleados. Amo a mi mujer. A cambio, odio a todos los que se le acercan. Amar a mi mujer exige mucho odio. Hay que conocerse bien. Conocer tus límites. Oye, hermanito, tú no lo sabes, pero si continúas hablando así a mi mujer, tú y yo vamos a conocer mis límites, eh, ¿seré capaz de matar a palos a un hombre? Ya, cálmate, piche viejo feo, métete tu cerveza y tu coca y olvídate de todo.

Amor, ni me preguntes cómo me fue. ¿Conoces algún modo de matar a una señora sin que te encuentre la policía? Ja, es broma. Pero así me fue. Vístete, vamos a Tres Gallos.




      Martin Petrozza

      

jueves, 14 de julio de 2016

Tal vez.

Texto por: Adrián Silva 


Buscaba mirarlo, tan sólo por un breve momento, pero me lo impedía el compromiso. Sí, ahí estaba tu lugar, vacío, solitario, mas no triste, pues a pesar de que no estabas ahí, permanecía completamente tu esencia, como si estuvieses realmente ahí postrada mirándome agazapada en esa penumbra que te suele envolver. No la entiendo. A veces creo que lo haces realmente porque gritas en silencio y entonces es como si tratases de activar una especie de alarma que reside en mí y que incluso yo mismo desconocía, pero sé que existe, ahí está, la percibo cuando la intentas activar. No lo sé. Es probable que no exista nada de lo que digo, ni tú. Sin embargo, me complacen enormemente las subjetivaciones que provocas y que emanan de mi interior. Sé que lo más probable es que se trata tan sólo de una idealización absurda de mi psique, aun así, la degusto cuando aparece, ya que, por si no lo sabías a veces se va o hago que se vaya porque temo en demasía que se haga realidad (y sí, a la vez desearía que así fuera).

   Cuando abrí la puerta, ahí estabas y sucedió lo imposible, puesto que ni siquiera se habían activado mis sentidos y sin mirarte te miré, sin olerte percibí tu cálido aroma. Cuando levanté esa mirada embriagada y orgánicamente ausente, ahí estabas, fue un instante brevísimo, de esa magia que pareciera fuese indisoluble, pero que a la vez se disuelve en la eterna y finita inmediatez. Nunca supe qué hacer, es más, ni sé que hice, únicamente actué con la mecanicidad cotidiana que cualquiera ejercería en cualquier situación trivial. Pero tenerte frente a mí jamás podría ser calificado de trivial, no, tú no eres trivial, más bien eres tríadica, puesto que emanas calidez, misterio y un sinfín de sensaciones laberínticas que, supongo, ni siquiera tú misma, observándote desde otro universo, paralelo, mítico y arcano podrías explicar. Ahora imagínate yo, que desde este universo más o menos conocido por mí, por ti, por ambos no puedo acercarme ni medianamente a lo que, como bien has notado, no tiene explicación racional. Se trata, pues, de una extraña conjugación entre mi universo simbólico y tu silencio real, pero potencialmente escandalizante. Sí, heme aquí divagando en monodiálogo y soñando, esperando, que quizás tú también te hayas abstraído antes de que tu percepción misma haya sido partícipe de los hechos, sí, de los hechos mismos que te he comentado sin comentarte, pues hablo conmigo y sin ti. Tal vez, en cierto universo paralelo también me miraste sin mirarme, tal vez, en cierto universo paralelo también me sigues conjugando en cierto monodiálogo nocturno, taciturno y potencialmente corpóreo…



Texto por: Adrián Silva 


martes, 5 de julio de 2016

Pico de pato.


Germán pone una imagen de una mujer de tres tetas en el ordenador y dice que es genial que una mujer pueda tener tres tetas. Yo lo detesto. Si nos gustan las tetas, ¿por qué sólo queremos dos? Germán es un degenerado.

         Luego pone a un hombre que nació con dos penes. Es una enfermedad muy rara, pero existe.

         La siguiente imagen es de una mujer haciendo el amor con otro hombre de dos penes.

         Luego, un enano hace el amor a una mujer normal.

         Luego, una enana es atravesada por por dos individuos normales. Uno se la mete por la vagina y otro por el ano. Es la clásica doble penetración, pero a una enana. La expresión facial de la hembrita es de disgusto.

         La siguiente imagen muestra a una mujer que se deja coger por un San Bernardo. ¡He visto esto antes!, exclamo. Germán asiente, como si ya lo supiera. Es una fotografía muy famosa. Yo la vi a los once años. La recuerdo cada que miro a un San Bernardo o a cualquier perro de raza grande. El nombre de la mujer es Marlene Growhigh. El perro se llama Bony, dice Germán. No sé si creerle.
        
         Siguiente: un hombre introduce su puño en el ano de una muchachita de diecinueve años que aparenta quince. Esto tiene un nombre. Meter puños en anos, tiene un nombre. Se ha llegado a meter todo un brazo en el ano de una mujer. ¡No quisiera estar ahí para olerlo!, exclama Germán. Fisting, sí, el "pico de pato".  

         Un hombre es penetrado por una mujer gracias a un arnés. Nada nuevo. El hombre tiene pinta de homosexual, de todos modos. La mujer viste un uniforme militar.

         Un hombre transgénero. Un shemale, en inglés. Tiene el cuerpo de un luchador. Pero con tetas. Unas tetas enormes. Y un pene enorme. Es penetrado por un hombre aún más grande y grueso. El hombre, sentado sobre una silla, se la mete al trangénero. Al parecer, lo sacude fuerte. Ambos aprietan los dientes.

         Una jovencita recostada sobre el suelo recibe en la boca la mierda de un anciano. El anciano está en cuclillas, sobre ella. De espaldas a la cámara. Su ano es repugnante. Se nota que que practicó la sodomia en su juventud. Y su mierda es espesa y amarillenta. La jovencita sonríe. No, Germán, opino, esto no es publicable. Hay un nicho..., comienza él. No, insistó, no.

         Un muchachito de dieciocho años se la chupa a otro. Ambos son caucásicos. Muy delgados. Se les marcan las costillas y la espina dorsal. Demasiado blancos. Lucen como lagartijas blancas, como extraterrestres. Tienen el cabello corto, a lo Brad Pitt. Se les nota lo maricas.


         Una mujer blanca, embarazada, es penetrada por un negro de dos metros. Su verga es descomunal. Los gestos de la mujer sugieren que la embestida le practica un aborto. Esto también es demasiado, digo. Germán bosteza. Dice: ¿en qué mundo vives, hermano? Esto es más viejo que el sexo con animales.


FIN





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